miércoles 18 de enero de 2012

TESTIMONIOS DE VIDA EN EL TEATRO

TUC 50 AÑOS


Siempre que reflexiono sobre el Teatro tengo la impresión de estar intentando atrapar un pez vivaz y despierto en el agua que se desliza y huye, o se agita entre nuestras manos pugnando por seguir su camino acuoso alejándose de nuestros intentos. Si vencemos sus esfuerzos queda entre nuestras manos un ser yerto, muerto, que podemos diseccionar. Sin embargo, por más que hagamos no será más el pez del agua dinámico y cambiante.
¿Cómo se analiza un acto vivo? ¿Cómo se describe la energía? Porque el Teatro más que materia es energía y todos sus elementos no son sino condensaciones momentáneas de la energía esencial. Como el tiempo fluye, en el tiempo dura. Como sus creadores es efímero. Y si los sobrevive es porque su eternidad camina de la mano de la historia de la humanidad y sólo con ella desaparecerá.
Por eso esta noche al presentar Testimonios de vida en el teatro. TUC 50 años presiento que apenas si llegaré a brindarles impresiones personales no transferibles de las muchas que se pueden obtener de su lectura directa sobre las articulaciones del arte con la vida, de las vocaciones con el destino, de la fidelidad con la supervivencia, del talento con el trabajo intenso, de la semilla con la tierra y el sembrador, de cómo holla el hombre los caminos intangibles del tiempo…y mucho más que por ser inefable me es imposible decir y que, tal vez logre transmitir de sentimiento a sentimiento, de sensación a sensación. No sé pero estoy seguro de que algo va a suceder porque esta noche al presentar este libro quisiéramos llegar con ustedes hasta el origen del manantial de la fuente donde los sueños nacen y del inmarcesible esfuerzo que requerimos para hacerlos realidad.
El teatro es una barca a la que, como en el romance español, el barquero sólo enseña su canción a quienes con él navegan. No es una barca a la que se pueda comprar concientemente un pasaje. A veces se aborda descuidadamente y sin darnos cuenta ya estamos navegando en ella. Podemos bajarnos en cualquier momento, sí. Pero la atracción se hace cada día más fuerte y allí estamos limpiando la cubierta, arriando velas, levando anclas, cansados pero animosos mirando en las orillas los que nuestra travesía aplauden porque lo que en el barco producimos es ejemplo de vida, optimismo pensante, y qué difícil es hablar de esto que es puro sentimiento. Sin embargo dejando que el pez siga su camino intentaremos describirlo a la distancia cada vez mayor con que se aleja aguzando la mirada y sobre todo la sensibilidad que en este libro reina plenamente.

El TUC, un teatro siempre joven: el contexto


Tres de febrero de 1971, el 22 de junio cumplirá el TUC la primera década de las cinco que hoy celebra, ausente un trienio ya de su conducción directa el gran maestro, Don Ricardo Blume Traverso, Alfonso La Torre, el mejor crítico teatral de la historia del teatro peruano, escribe una reseña sobre el montaje de dos jóvenes del TUC: Jorge Guerra y Edgard Saba, a la que titula Ver con el corazón. Comienza diciendo el distinguido crítico:


“Tal vez los adolescentes casi niños del TUC fueran tolerantes con nosotros y nos explicaran lo que han hecho con El Principito.
Para terminar, luego de agudas reflexiones sobre la audaz propiedad de la experiencia:
"
Tal vez después de todo, los chicos del TUC no necesitan explicarnos nada; la poesía es inexplicable, aún cuando balbucea.


Y es que la década del sesenta, en la que se formaliza el TUC institucionalmente, fue caldo de cultivo de hondas transformaciones. Antecedida por la triunfante revolución cubana en 1959, promediada por las guerrillas del sesenta y cinco en el Perú, y culminada por el mayo del 68 en Francia y en nuestro país por el ascenso al poder de los militares de la participación plena, esta década, en la que algunos jóvenes murieron con sus sueños, como Javier Heraud, vio nacer en el teatro peruano un poder joven que se remonta a los años del grupo Alba, y de Homero Teatro de Grillos y que se acrecentó con la presencia final de Yego, teatro comprometido, Duende, Telba, Yuyachkani, Cuatrotablas y los montajes de los jóvenes del TUC, llegaron hasta Manizales antes y después de la partida de su maestro e inspirador, porque continuó en manos de los jóvenes herederos de la línea que les imprimió y que, por suerte, jamás olvidaron, antes bien, afirmaron y maduraron.
La indiscutible gran señora de nuestro teatro Violeta Cáceres nos cuenta, en la sección de Pioneros, como La semilla dio sus frutos:
“A inicios de los sesenta- cuenta- el teatro fue lo que unió a un grupo de entusiastas alumnos de la facultad de Letras (hoy Estudios Generales Letras) de la PUCP y los llevó a poner en escena una obra de Casona Nuestra Natacha , Uno de los estudiantes, Silvio de Ferrari tomó a su cargo la dirección. Y como los personajes eran muchos se dio cabida a la mayoría de los que querían actuar… había un gran entusiasmo y mucha seriedad en el intento y el resultado fue tan bueno que se dieron varias funciones.
“Humildad en el quehacer artístico, respeto por el director y por los compañeros, trabajo en equipo, rigor en la preparación de los roles asignados, ética en cada uno de los actos que se realizasen, dentro y fuera del escenario” fueron las cualidades que movilizaon las voluntades juveniles.
Por eso, cuando el maestro partió, Luis Peirano, Humberto Medrano y Marco Leclère continuaron la labor.. El TUC no podía parar y siguió caminando y perfeccionándose.


Un libro de múltiples lecturas


Libro de confesiones y confidencias, historia sacada de muy dentro del alma; sin pretenderlo, este libro que quiere hacer justicia a medio siglo de bregar por la realización de lo soñado, y de lucha permanente por aspiraciones aun no cumplidas, pero que uno siente que pronto se cumplirán, nos ofrece la mejor semblanza de sus expositores. Y, si bien, hay en sus testimonios la serena objetividad de quien se siente orgulloso de haber sido y continuar siendo parte de un proyecto exitoso, dejan al descubierto parte de su alma y el filón de sus más valiosos sentimientos.
Acertada iniciativa de los editores Luis Perirano y Samuel Adrianzén que, como buenos especialistas en la comunicación humana, uno de ellos, y el otro en iluminación teatral, bien sabían que la mejor manera de iluminar la historia es adicionando testimonios directos de los protagonistas.
Tal vez sea la principal característica de este libro conmemorativo el que, si bien ha sido planteado como un diario de confidencias, reminiscencias, evocaciones, puede ser objeto de múltiples lecturas.
· Historia vivencial de una institución, podemos leerlo como un mar de recuerdos.
· Pero, en estos recuerdos está implícita, como hemos podido apreciar en las citadas palabras de Violeta Cáceres una Deontología, un tratado de ética teatral. Veinte años después en su testimonio María Luisa de Zela lo reafirma: La calidad profesional, la mística, la disciplina y el sentido ético fueron siempre resguardados como pilares del teatro .
· Profundizando en sus propuestas nos encontramos con un texto de Mística Teatral. . Gustavo Bueno.”El TUC al que yo entré no era una escuela de teatro,. era un grupo de teatro que tenía una escuela. Esa diferencia es sustancial, la escuela te forma, el grupo te da solidaridad esencial que te acompaña toda tu vida actoral. Y eso cuando eres joven es una experiencia grandiosa e irrepetible”.
Ruth Escudero confiesa: “Ricardo me transmitió , con su ejemplo, la pasión por el oficio durante sus años en la Escuela, y esa pasión me ha acompañado a lo largo de mi carrera en las artes que exploré, así como en la vida misma pues la experiencia teatral se convirtió en una forma de vivir: . Comprendí que aprendemos teatro para ser mejores seres humanos”.·
· Prácticamente es una posición de cómo abordar la organización del teatro en la Universidad.
· Y como tal es también una guía de supervivencia institucional. Desde este punto de vista se le podría asumir como un Tratado para generar la Cultura de la Empresa.
· Y, en la medida en que coincidimos con la opinión de Jorge Santistevan de Noriega, en que además de artística el TUC fue “ una escuela de sentido común y virtudes ciudadanos”, es una guía de peruanidad, de cómo hacer para rescatar el optimismo de nuestras jóvenes generaciones en este conflictuado panorama que es el Perú. Que es por cierto, más que una marca comercial, nuestro emblema de vida o nada somos.
· Por todo esto podemos, en fin, siguiendo el título dado a las reflexiones de Celeste Viale, sin dejar de atender a esta riqueza de enfoques posibles, reconocerlo como una herencia, un legado, un compromiso de honor con el futuro del teatro peruano.
Porque en este libro, si bien, posiblemente, no están todos los que son, indiscutiblemente son todos lo que están. Los que estuvieron desde los albores, los pioneros, los directores y algunas voces selectas de los nuevos que garantizan un horizonte de eternidad.
El rigor histórico obliga a precisar algo que es obvio: el teatro peruano no es el TUC. Pero, sin discusión, el teatro peruano no sería lo que es sin el TUC porque es una de las instituciones que más ha aportado a su desarrollo en el último medio siglo. Y, con su fecha a cuestas ha pasado a integrar la fila de los hermanos mayores del teatro peruano.
Cerrando esta visión esquemática señalaremos tres singulares características que abren otra serie de lecturas:
· Su meditada selección de fotografías tanto para traer a luz los primeros montajes, salvando así valiosos testimonios fotográficos, cuanto para subrayar con fotos de grupo el valor colectivo del esfuerzo.
· La humildad con que se ha reducido a una sencilla relación los montajes de medio siglo. Por lo que me he permitido desde mis palabras iniciales hacer justiciero recuerdo de algunos.
· Finalmente, el contexto histórico aparece como sintética relación al margen. Lo que demuestra que el sociólogo editor se ha portado más como hombre de teatro. Pues con esto reafirma el estilo vivencial y de reclamo a la memoria donde mora en eterno presente lo vivido.
Un libro animado
Normalmente siempre asumo los libros como un coloquio amical con su propuesta escrita. Y abriendo bien los ojos y el entendimiento los leo para escuchar las ideas y aventuras que las palabras y las imágenes portan y dejan correr como agua de un manantial siempre fresco y renovador.
Así, al tenerlo en estos días como libro de cabecera su lectura me ha permitido compartir emociones y solazarme en los recuerdos que los recuerdos consignados en sus páginas me han despertado. No negaré que soy una persona que se siente bien con los recuerdos, sobre todo cuando se asocian al presente fecundo que los inspira. Y no otra cosa me ha pasado siempre que he asistido a los espectáculos de los artistas amigos egresados del TUC, porque en cada ocasión he polemizado con sus propuestas más que para aplaudirlos, que puede ser obligada cortesía, para reafirmarles mi admiración y respeto por su fidelidad a una línea de seriedad sin concesiones a este trajinar creativo, cotidiano y doméstico que es el teatro.
Cuando Esquilo escribió Los Persas apeló a un recurso dramático en el que valoraba las presencias individuales de la flor y nata de los combatientes asiáticos que habían partido a pelear contra la Hélade. Con este recurso enumerativo logró imprimir a las primeras líneas de la tragedia una fuerza mayor que si se hubiese referido a todos simplemente como el ejército persa. Y no sólo eso, obtiene también una intensidad testimonial que reivindica la historia como memoria. Porque todo logro humano en el tiempo es producto de una ininterrumpida cadena de voluntades. Un árbol que germina florece y fructifica porque la semilla cayó en buena tierra, no por azar sino porque el sembrador la preparó con esmero, la abonó y regó con cariño el tiempo necesario y supo dejar la planta en el momento propicio para albergar flores, frutos y pájaros en las nuevas estaciones.
Como apunta Mario Pasco, bien puede, sentirse satisfecho Ricardo Blume, porque sus ocho años de siembra, testimoniado por sus frutos, buena cosecha han dado en medio siglo y apunta para más.


Una galería de recuerdos


Y abre esta galería, Don Carlos Tuccio. En realidad los títulos que anteceden las palabras conmemorativas son intercambiables. Por ejemplo ésta de Fidelidad al teatro. Se siente que podría ser el título del conjunto total, porque en todos los testimonios hay una reiterada actitud de indeclinable fidelidad a dar lo mejor de sí mismos y rendir de esta manera el mejor tributo a sus maestros. Con cálida sencillez, Carlos Tuccio, nos brinda una puntual y objetiva relación de los primeros años del teatro en la universidad, la docencia de Mario Rivera del Carpio, Trudy Kressel, fundadora de la danza moderna en nuestro país. La labor del R.P. Ramón María Condomines, de la Vía Liguria, como acostumbraba a nombrarse, director del famoso radioteatro El derecho de nacer, de Felix B, Caignet. Pero también los esfuerzos en la universidad de los alumnos Guillermo Nieto y Yolanda Osterling, por mantener viva la llama de la teatralidad. Aunque algunos nombran a este periodo la prehistoria del TUC, nos parece más apropiada la denominación elegida para titularla: Los Albores, etapa que al quedar escrita en este libro memorioso y memorable pasa a formar parte auténtica de la historia. Pero, es que frente a ese cementerio de olvidados que es la historia, de fechas “recordables” y de efemérides, hay una acción de rescate cuando acudimos a los recuerdos de todos y a todos les pedimos o logramos que todos hablen con el corazón en la mano.
En las evocaciones de Guillermo Roth, en olor a castidad, por el especial cuidado que debió poner en su tiempo en la elección de los textos a representar, se recuerda el montaje de El landó de seis caballos, de Ruiz de Iriarte, y se menciona a dos personas que conocí muy joven Sara Ugarteche.y Rubén Lingán. Inolvidable profesor de Historia del Teatro en la Escuela Nacional de Arte Escénico.
Este libro épico, narrativo, más que en el sentido brechtiano, en el de los cantares de Gesta nos dice, sin alardes, lo importante que es para la cosecha, la mano del labrador. Un día de 1961 un joven de maletín y anteojos, muy serio él, pero de una gran amabilidad, reconquista a un descreído y le abre su camino al maravilloso mundo del teatro. Ganan los dos. El joven de lentes se convertirá en los años siguientes en un inolvidable maestro. Y el convertido discípulo enorgullecerá al teatro peruano con las brillantes versiones de las obras que dirige y la excelente interpretación que da a sus personajes. Pero, sobre todo este Don Jorge del crear Chiarella Kruger que desde Los Televisones no ha hecho sino sumar montajes para la historia lo conocí, aunque él no a mí, en una reunión en Cultura y Libertad, institución en la que se hacían Mesas Redondas sobre la realidad nacional. Y en una ocasión cuando le correspondió al teatro coincidimos porque asistió acompañando a Ricardo Blume.. Clara sigue en mi memoria la energía con que repitió lo que Ricardo le había enseñado con amor y disciplina, que en el teatro Peruano no se leía y que uno de los males de la escena nacional era la falta de cultura teatral de la gente de teatro. Me cayó bien su declaración. Tal vez porque no me sentí aludido ya que yo venía para entonces leyendo mucho pero después me di cuenta que antes que por vanidad personal fue por esa diáfana adhesión a las palabras de su maestro. Y que aún lo lleva muy dentro lo demuestra el que haya denominado Ricardo Blume a la sala de su agrupación teatral que de Alondra, vocero de la mañana, ha pasado a llamarse Aranwa, amplio espacio donde se supone los incas hacían teatro de celebración
Pues bien, lo cierto es volviendo al joven de 27 años, serio y disciplinado, que se esforzó por entregar la posta de místico compromiso con el teatro a casi adolescentes universitarios dispuestos a creer con todas las energías de su prístina juventud. Y creyeron y aprendieron. Este joven de intuiciones brillantes, como auténtico artista, no hizo más que imprimir en ellos lo que de otros había aprendido.
Y es aquí donde se filtra la historia del teatro nacional y entra de lleno a protagonizar la Asociación de Artistas Aficionados (AAA) que desde los lejanos años para entonces (23 años de 1938 a 1961) apareció para culminar una larga etapa postindependiente en que nuestro teatro no se apartaba de la influencia hispana. Esta AAA que llenó de calidad y nuevas fuentes la cultura teatral limeña y la apartó de los sainetes españoles y la acercó a los clásicos. Y comenzó a desterrar el matiz altisonante del latiguillo y lo reemplazó por una clara dicción, voces de bellísimas tonalidades y una capacidad de matizar que se acercaba a la música. No puedo dejar de pensar en Pablo Fernández, irreemplazable Dios de los Autos Sacramentales que dirigía Ricardo Roca Rey No es de extrañar entonces que fueran los clásicos los que ungieron a estos jóvenes universitarios En frase histórica y feliz lo que Ricardo Blume llamó pedagógicamente la retaguardia del teatro de todos los tiempos y que es en realidad la esencia de este arte inmortal. En buena cuenta los hizo bien hablados y los ató a la tradición y nadie que se une a la tradición puede desarraigarse. Con la tradición se ahonda-
Este TUC, siglas con las que Ricardo Blume abrevió al Teatro de Ensayo de la Pontificia Universidad Católica del Perú tenía jóvenes esforzados y sensibles como Silvio de Ferrari, con quien La aventura continúa. Primer presidente y animoso actor al cual volvimos a ver hace poco en una obra de Bertolt Brecht. Con que orgullo los mirarían hoy, no digo Ricardo Blume, que así debe sentirlos sino sus abuelos: Ricardo Roca Rey, Luis Älvarez que también llegó a actuar varias veces en el TUC. Para Humberto Medrano Blume dio el ejemplo. Pero Blume Corazón de teatro concluye su testimonio diciendo:
“Quiero dejar establecido que todo lo que hicimos en el TUC fue un mérito compartido. Es cierto que yo puse los principios, las reglas, los conocimientos que entonces tenía y mi mayor esfuerzo, pero el trabajo fue fundamentalmente de los muchachos universitarios de entonces, a quienes simplemente aglutiné y encaucé. Creo que con un poco de intuición y otro tanto de sentido común realizamos en el TUC un trabajo eminentemente universitario. Entrañablemente universitario. Tal vez por eso perdura.
Creo pues, que a la larga lo fundamental y lo que interesa es que el TUC está, que persiste, que puede ser maleable según quienes estén al frente. Los hombres pasan, las instituciones quedan. Pero algo del espíritu de esos hombres queda en las instituciones..
Y Silvio de Ferrari, como si lo acotara reflexiona: “Estos cincuenta años son un sueño, una ilusión realizada, una locura con mucho de imaginación.
Con la mente abierta, Alicia Saco medita el contexto histórico y la cambiante práctica teatral que a ellos responde y encuentra en la apertura sensible a estos cambios la clave de su permanencia..
Mario Pasco, traza sensibles pinceladas y evoca La siega, de Lope de Vega, el Premio Nacional, sus venturas en el Teatro Íntimo, esa hermosa experiencia de generosidad docente por la que se preparaba el grupo para los días de ausencia, y que con claro humor recuerda llamaron algunos, por sus pininos no siempre muy seguros, teatro ínfimo. Y la salida a Manizales con el Centro forward murió al amanecer, de Agustín Cuzzani, y la ideologización del nuevo teatro latinoamericano. Pero, si bien la institución logró consolidarse como tal, en justo reclamo piensa que: Sólo falta un local propio.
Hernán Romero, respetable figura de nuestros escenarios, rememora agradecido el abandono de su carrera universitaria, por el teatro. Para llegar a ser prestidigitador de la verdad presentada con las gratas apariencias de la ilusión. Eco en el tiempo del monólogo inicial de El zoo de cristal, de Williams que fue su primer ejercicio escénico en el TUC,- Se muestra como El alumno agradecido.

Los directores


Luis Peirano nos habla confidente de los sentimientos del joven Luis Peirano: “Mi descubrimiento del teatro como una actividad que además de ser gratificante y divertida era verdaderamente seria, muy demandante, de profundo sentido interior, con una exigencia de disciplina desconcertante en principio y muy alentadora después , me llevó a una transformación personal muy grande.
Y el teatro llegó a ser para él, como negarlo “Más que una afición, un compromiso.
Clara Izurieta, se declara Tocada por la magia. Se impone en sus recuerdos su colaboración creativa con Blume y con Peirano en Peligro a cincuenta metros, que significó la brújula para esta ruta de cincuenta años cumplidos.
Él 4 de mayo de 1970, Alfonso La Torre titula su recensión: Ejemplar trabajo de equipo.
“Dos cosas evidencia el estreno de “Peligro a cincuenta metros” por el Teatro de la Universidad Católica, el modernismo formal y crítico de los autores chilenos , y la asunción lúcida y ferviente del trabajo en equipo por parte del TUC.
Clara Izurieta y Luis Peirano son los directores : pero es evidente que la conducción tiene ciertos límites, donde cada actor empieza a dirigirse a sí mismo, a dinamizar la tarea del compañero: la idea global y la escena son un campo magnético con cambios focales sobre cada incidente y cada grupo de nuevos personajes, plasmándose proteicamente en los mismos intérpretes, hasta que la identidad de cada actor y actriz se relativiza y la acción es una pura vivencia escénica donde espejean los múltiples problemas del hombre.
Es imposible destacar a un intérprete más que otro. Las diferencias, dentro de un nivel coral de excelente dicción y expresión corporal, se dan apenas en cierta musicalidad erótica del movimiento, más o menos armonioso, y del gesto. Su logro es enervarnos tanto con la acción, trepidante de palabra, como con el asfixiante silencio del prólogo. Los aplausos que resuenan en el TUC, dicen que el camino que ha iniciado puede rescatar al teatro peruano de su inercia y de su silencio.
Para Jorge Guerra, filósofo demiurgo teatral, ritman el paso del tiempo teatral las renovadas versiones y maneras de enfocar el desarrollo del hecho teatral que le son característicos- Y aunque su mejor contribución al teatro peruano se llama Alejandra, nos encanta polemizar con sus inteligentes montajes-
Edgard Saba que todavía ve con el corazón, nos habla poéticamente de los Sueños de Teatro tan diversos en el tiempo y sin embargo siempre los mismos. Los balbuceantes poetas de los setenta son ahora directores que nos brindan regularmente propuestas desafiantes que arman, desarman y rearman los recursos de la teatralidad. Comprenderán porque no sorprenden a quien les ha contado que los conoció en el germen de estas inquietudes. En su iniciar “principesco”. .
El maestro Alberto Ísola a flor de piel afirma, Siempre seré parte del TUC Pero yo, no puedo disociar a Alberto, de Lucho y de Jorge. Y es que, estos tres jóvenes creadores en los años ochenta conformaron ENSAYO, Asociación de Estudio y Producción Teatral que, en el Teatro Arlequín, de la Avenida Cuba 1130, en Jesús María, y en el Teatro Británico de Miraflores ofrecieron una brillante muestra del mejor teatro peruano de esos momentos llevando a escena autores nacionales, latinoamericanos y de otros países del mundo, revisando y actualizando textos clásicos y contemporáneos. El nivel de exigencia y calidad de sus montajes ratificó la presencia artística de su alma máter en el desarrollo del teatro nacional.
Así mismo, en su labor particular cada uno de ellos continúa aportando con regularidad la singularidad de su estilo. A Luis Peirano le debemos divertida estación en Los calzones, con la interpretación de Mónica Domínguez, Jorge y Alberto, repetida en Ay, Carmela La puesta en escena y estreno continental de La Chunga, de Mario Vargas Llosa, protagonizada por Delfina Paredes y la de Historia de un gol peruano,. de Alfredo Bushby, una de las obras más significativas de la nueva dramaturgia peruana.
Alberto Ísola, agrega a sus indiscutibles méritos como actor, la de ser un director preocupado por cultivar el amplio espectro de posibilidades de la teatralidad en montajes dirigidos a públicos de todas las edades y con actores y actrices de diversas generaciones como lo demostrara la reciente puesta de La vida en dos horas, espectáculo antológico de obras escritas especialmente por nuestros jóvenes dramaturgos e interpretado por jóvenes alumnos del TUC.
Jorge Guerra, actual Presidente del TUC, desde sus primeros años demostró una inquietud investigadora y afanes de renovación de las propuestas escénicas. Fiel, en un comienzo, a las ideas de Bertolt Brecht, posteriormente ha afirmado una desafiante y estimulante capacidad para abordar la creación escénica desde puntos de vista siempre novedosos.
Y espíritu similar alentó la formación de Alondra y Quinta Rueda y la colaboración de Maguey, con Willy Pinto que se ligó al TUC algún tiempo como en los setenta estuvieron Jorge Guerra y Alicia Morales en Yuyachkani. Y cómo olvidar al TELBA de los setenta que también se emparentó en este intercambio..
Roberto Ángeles, alumno de Ísola, rememora como siendo Libres para crear, desde sus años iniciales los integrantes del Teatro de la Universidad Católica reciben una formación de respeto por la tradición y una apertura a la audacia por la innovación que amplía sus horizontes. Igualmente en Roberto volví a comprobar el respeto que guarda por su maestro, Alberto Ísola, a propósito de un comentario hecho por mí en el estreno de Números reales, de Rafael Dummet.
María Luisa .de Zela. da cuenta de Dos décadas fructíferas en la que el TUC fue dirigido por diversos creadores. “Creo que lo más valioso de la casa- nos dice- fue siempre el espíritu de laboriosidad y entrega al teatro que la habitaba y que todo el que la visitaba podía percibir desde su entrada hasta los últimos rincones.


Los tucos de siempre


En 1965, Pasos, voces, alguien… Julio Ortega y un libro publicado con las obras fueron un nuevo aporte de la era Blume respondiendo a una inquietud declarada permanentemente por Don Ricardo Roca Rey de representar mucho a los autores peruanos hasta lograr un teatro nacional.”La historia del TUC es parte de mi vida. Y cuando me encuentro con estos amigos, con Samuel Adrianzén, con Ruth Escudero, con Alicia Saco sé que nuestros veinte o veintidós años de entonces fueron privilegiados por el don del arte y la dádiva de la amistad. No acabaré de reconocer esa gracia..
Samuel Adrianzén Medio Siglo con las luces hace sentida semblanza de Marco Leclère San Román.que nos dejara en enero de 1995. “Artista completo. Pocos de nuestra generación pueden exhibir su frondosa creatividad, escenógrafo y diseñador de vestuario, profesor universitario, pintor e ilustrador de revistas y periódicos, quiromántico y adivinador, poeta y en los últimos día de su vida novelista, etapa última que compartió con la de escenógrafo de televisión en el canal 4.
Menciona a Coniraya y Madame Clo y a su novela póstuma El puma habita en el alcanfor. “Su muerte nos conmovió y a veces recordamos la inmensa falta que nos hacen sus críticas, su impronta de creador..
Testimonios
Charo Verástegui, poetiza su venerada entrada a Camaná 975. Nos imaginamos a Mónica Sánchez, de diez años en los tuquitos Bruno Odar, rodeado de locos felices, se adhiere a la fascinación del ritual Jorge Villanueva, testimonia agradecido su iniciación. Que la lleva muy hondo lo he comprobado por dos declaraciones suyas en una Reunión sobre los Nuevos en el Centro Español donde hizo memoria de este momento y rindió homenaje de admiración a Jorge Guerra. Los permanentes descubrimientos de Gisela Ponce de León son los frutos de la libertad para crear de la que nos hablara Roberto Ángeles. Y con las alas de la libertad nos remontamos al futuro.


Palabras para volver a empezar o el eterno retorno


Hace más de 10000 mil años en las cavernas de las tierras del sur, en Toquepala y en las de la sierra huanuqueña, en Lauricocha, primeros peruanos dejaron la huella gráfica de sus intentos mágicos por lograr buena caza. No se diferenciaron de sus similares en el mundo. También en el Perú el teatro nació como danza mágica propiciatoria de la caza. Desde esos lejanos años el teatro peruano existió ligado a los rituales y a la celebración de sus fiestas agrarias. Pero en 1532 este desarrollo fue interrumpido por la llegada del conquistador hispano. El teatro occidental en nuestra patria registra oficialmente su primera función en 1546, hace 465 años.
Hoy, a 190 años del decreto sanmartiniano que declaró que en el Perú la profesión de actor no irrogaba infamia, muchos esfuerzos se han sumado por dar una fisonomía identificable al teatro peruano. Tal vez, si deberíamos, siguiendo el ejemplo citado de Los persas, de Esquilo o la tan próxima de este libro testimonial, tal vez, digo, debiéramos recoger la voz de Edgar Saba y enumerar como él hace uno por uno los nombres de la multitud de los que han hecho posible el teatro en el Perú.

Ricardo Roca Rey, Pablo Fernández, Hugo Salazae del Alcázar, Elvira Travesí, Ricardo Fernández, Pepe Postigo, Osvaldo Fernández, Pipo Ormeño, Beto Montalva, Sigfried Espejo, Juan Pedro Laurie, Genoveva Elguero, Salvatore Munda, Fernando Tovar, José Enrique Mavila, Gerard Szkudlarski, Miguel Cook, Aldo Brero, Juan Carlos Espinoza, Frank Loveday, Jorge Semino, Mario Velásquez, Carlos Velásquez, Pepe Velásquez, María Isabel Chiri, Tito Salas, Luis Felipe Cueto, David Elkin, Anita Elkin, Manolo Arévalo, Pepe Vilar, Lola Vilar, Orlando Sacha, Maritza Gutti, Lorenzo de Szyslo, Marco Leclère, y tantos otros quienes, como Luis Álvarez, no perdieron jamás el equilibrio…”


Allí están exhortándonos desde la eternidad. El no haberlos olvidado es un mérito más de este libro que los tiene muchos.

191 páginas en formato mayor, en la carátula emergiendo de la cuarta dimensión donde moran los recuerdos, actores de Peligro a cincuenta metros, cerca de 130 fotografías. Y la voz de todos en un coral de reminiscencias evocativas. Aquí están vibrantes y aquí han de quedar para los que vendrán. Pero, por ahora regocijémonos porque están entre nosotros y bailan la danza común que nos hermana: el teatro, en su estilo personal por cierto como es lo normal en el arte.
El legado nos llega en la voz de Aníbal Sierralta: “Nuestra meta es un teatro no alienado sino conciente, no sagrado sino criticable, no grandilocuente sino elocuente, no abstractamente rebelde sino auténticamente transformador, no estridente sino armónico, un teatro que a través de la experiencia vital que representa el contacto entre público y actores llame a la reflexión, un teatro que permita calar profundo en la realidad de nuestros días.
Demos esta noche cálida bienvenida a este libro-mar memoria de los tiempos faro para los nuevos navegantes encendido por quienes los antecedieron, sabemos que mejores logros se han de alcanzar, la tradición sembrada lo exige y sus nuevos sembradores no los defraudarán.
Para los que abren caminos muchos siglos ha escribió Dioscórides en la tumba de Tespis, el legendario hipocrités que creó el diálogo en el teatro occidental:


“Aquí descanso yo, Tespis, antes que todos imaginé el canto trágico, cuando Baco guiaba el carro de las vendimias y se ofrecía como premio un lascivo macho cabrío con una cesta de higos áticos. Nuevos poetas han mejorado la forma del canto primitivo, andando el tiempo vendrán otros a embellecerlo más todavía, pero el honor de la invención me pertenece”.


Y así como los que continuaron la labor de Ricardo supieron responder a lo que de ellos se esperaba, los nuevos de estos nuevos saben lo que de ellos se espera y su esfuerzo no será menor por alcanzarlo porque saben también que no hay reclamo mayor que aquél que es demandado desde la eternidad. Tiempo sin fin del que ya este libro herencia forma parte.


Gracias.


Leído en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú

Noviembre 2011




martes 17 de enero de 2012

NORMAS LEGALES
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Lima, sábado 14 de enero de 2012


COMISIÓN DE COORDINACIÓN INTERUNIVERSITARIA

RESOLUCIÓN N° 1557-2011-ANR

Lima, 29 de diciembre de 2011

PRESIDENTE DE LA ASAMBLEA NACIONAL DE RECTORES

VISTOS:

Los oficios Nos. 067 y 086-2011-ME/ENSAD/D de fecha 13 de junio y 30 de setiembre de 2011 y el Nº 067- 2011-ME/ENSAD/D de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático Guillermo Ugarte Chamorro, informe Nº 169-2011-DGDAC, de fecha 14 de noviembre de 2011, y memorando Nº 1059-2011-SE de fecha 22 de noviembre de 2011, y;

CONSIDERANDO:

Que, mediante las Leyes Nº 29630 y Nº 29696, modifican el artículo 99º de la Ley Universitaria Nº 23733, incorporando en sus alcances a Centros Superiores de Arte y Música, como son entre otras, la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático Guillermo Ugarte Chamorro; estableciendo que mantiene el régimen académico y de gobierno, y de economía establecidos por las leyes que la rigen y tienen los mismos deberes y derechos que confiere la Ley Universitaria Nº 23733, para otorgar en nombre de la Nación el grado de bachiller y los títulos de licenciado respectivos, que son válidos para el ejercicio de la docencia universitaria y para la realización de estudios de maestría y doctorado; debiendo ser inscritos en el Registro Nacional de Grados y Títulos de la Asamblea Nacional de Rectores;

Que, mediante oficios de vistos, el Director General de La Escuela Nacional Superior de Arte Dramático “Guillermo Ugarte Chamorro” con sede en la ciudad de Lima, en el marco de las leyes mencionadas precedentemente, presenta los Planes de Estudio de las siguientes Carreras Profesionales que imparten, los mismos que han sido aprobados por Resolución Directoral N° 062-2011-ME/ ENSAD/D para su evaluación y fines consiguientes:

• Formación Artística - Especialidad Teatro – Mención Actuación,
• Formación Artística - Especialidad Teatro – Mención Diseño Escenográfico, y
• Educación Artística - Especialidad Arte Dramático;

Que, mediante informe de vistos, el Director General de Desarrollo Académico y Capacitación, es de la opinión que sería procedente emitir la resolución que declare aprobado los Planes de Estudio de las tres carreras profesionales que imparte la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático “Guillermo Ugarte Chamorro”, los mismos que han sido elaborados basándose en los criterios establecidos por el artículo 23º de la Ley Universitaria Nº 23733 y las normas establecidas por la Guía de Adecuación de Instituciones Educativas a la ley Universitaria Nº 23733, aprobada por Resolución Nº 599-2011-ANR de fecha 03 de junio de 2011; por lo que procede expedir la correspondiente Resolución de aprobación, para su ejecución;

Que, mediante memorando de vistos, el Secretario Ejecutivo (e) dispone la elaboración de una resolución, de acuerdo al informe de la Dirección General de Desarrollo Académico y Capacitación, aprobando el anteproyecto que declara la ejecución de las Carreras que se imparten en la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático “Guillermo Ugarte Chamorro”, con sede en la ciudad de Lima; Estando a lo autorizado por la Alta Dirección;

En uso de las atribuciones conferidas al Presidente de la Asamblea Nacional de Rectores, en virtud de lo establecido en la Ley Universitaria Nº 23733 y en el Reglamento General de la Comisión de Coordinación Interuniversitaria;

SE RESUELVE:

Artículo 1º.- Declarar que la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático “Guillermo Ugarte Chamorro”, con sede en la ciudad de Lima, ha organizado los respectivos planes de estudio de acuerdo con lo establecido en el artículo 23º de la Ley Universitaria Nº 23733 y la Guía de Adecuación de Instituciones Educativas a la Ley Universitaria Nº 23733, aprobada por Resolución Nº 599-2011-ANR, quedando en consecuencia aprobados para su ejecución:

• Carrera de Formación Artística, especialidad Teatro, mención Actuación.
• Carrera de Formación Artística, especialidad Teatro, mención Diseño Escenográfico.
• Carrera de Educación Artística, especialidad de Arte Dramático.

Las carreras antes citadas conducen al grado académico de bachiller y al título de licenciado con las menciones respectivas, para su inscripción en el Registro Nacional de Grados y Títulos de la Asamblea Nacional de Rectores.

Artículo 2º.- Disponer la publicación de la presente resolución en el Diario Oficial El Peruano y en la página Web de la Asamblea Nacional de Rectores.

Regístrese y comuníquese.

ORLANDO VELÁSQUEZ BENITES
Rector de la Universidad Nacional de Trujillo y
Presidente de la Asamblea Nacional de Rectores

RAÚL MARTÍN VIDAL CORONADO
Secretario General de la
Asamblea Nacional de Rectores



LA FORMACIÓN DEL ACTOR EN EL PERÚ

Pórtico de ingreso






La formación del actor en el Perú de nuestros días no reclama más ni menos perfección técnica y afirmación del estilo, entrega, ética, creatividad, compromiso con la historia y las formas propias de su tiempo y de su espacio, que las exigidas a los artistas de todas las épocas y culturas, cualquiera que sea el género al que se dediquen. Es dentro de este marco que se inscribe la posibilidad de discutir luego, a la luz de las exigencias concretas de su personalidad, su biografía y sus experiencias personales, qué rutas proponerle para motivarlo y premunirlo de instrumentos de aproximación a sí mismo y a las exigencias de la creación teatral.






Es imposible pensar en un actor teatral que no tenga un sólido sentido de la disciplina, el trabajo de equipo, la puntualidad y la dedicación plena a su perfeccionamiento. Cualquiera que sea el método de creación que asuma éste será un añadido fofo y postizo sino se apoya en la sinceridad expresiva controlada y en la comunicación sensible.






La motivación, el por qué dedicarse al teatro es siempre una decisión de raíces muy personales e íntimas que podría reducirse a “porquemegustapues”. Y no es un acto egoísta, a pesar de estar profundamente egocentrado. Una decisión de preferencias profesionales no entraña ofensa, en tanto que será la fuente de la energía que impulsará el perfeccionamiento artístico. La que si entraña un posicionamiento ético es la respuesta a los fines profesionales. ¿Para qué hacer teatro? No es fácil de responder hasta un cierto tiempo de práctica profesional intensa. Y, posiblemente, en ninguna de las actividades artísticas sea más complejo de posicionarse que en el teatro, por la hondura social, humana y total compromiso con el perfil histórico de los seres humanos.






Desde las danzas mímicas primitivas hasta las performances el actor, en tanto que signo de la humanidad que representa, tiene un delicado y elevado compromiso con la sociedad a la que debe proporcionarle lo que Brecht denomina en su Breviario de Estética Teatral “diversiones fuertes”, motivos de reflexión sobre sí misma y sus prácticas comunitarias. En este sentido, aun en tiempos de la globalización, el arte teatral sigue siendo expresión de una cultura determinada; es precisamente la expresión sincera de esta cultura la que permite llegar al mundo. Si el punto de partida es la sensación, como apuntaba el gran actor francés Louis Jouvet, que privilegiaba la percepción sensible, la observación artística como la base de las futuras expresiones del joven actor, es comprensible que una de las actividades que las escuelas de formación del actor deben priorizar es la observación intensa de todos los aspectos de su contexto. Observación e investigación, entendámonos. Lógicamente esta observación y experimentación sólo diferirá de la observación y experimentación de las ciencias en que pretende culminar en una expresión artística, o sea, multiplicar los pùntos de vista de apreciación de la realidad.






El afinamiento del instrumento expresivo de actores y actrices hoy cuenta con un amplio repertorio occidental y oriental de preparación del cuerpo y la voz. Las conquistas de la danza moderna y la aproximación de las expresiones folclóricas y las formas propias de América, Asia, Oceanía y Africa han enriquecido las viejas prácticas occidentales y, sin salir de este campo, el acercamiento a prácticas multidisciplinarias y la sinergia expresiva de las artes nos da las posibilidades de contar con un actor y una actriz muy flexibles, para los que ya no existe la división de las artes escénicas (títeres, mimo, danza, circo, music hall…) y son capaces de moverse entre una y otra con amplia comodidad. Es aconsejable, sin embargo, que la formación se haga sobre el riguroso desarrollo de una de estas líneas. Todavía sigue siendo contraproducente tratar de asimilar todas las técnicas desde los primeros estudios.






Otro tanto sucede con la construcción del discurso teatral. Dos de sus elementos tradicionales han sido puestos en cuestión: el personaje y el conflicto, Tradicionalmente se asumía que todo se reducía a la construcción o composición de un personaje. Aunque esto entrañara desde ya un problema, por cuanto el personaje teatral no aparece por igual ni a través de la historia, ni de las culturas y muchas de las licencias que hoy se permiten los directores contemporáneos con la interpretación de los personajes deriva de esta condición. Nada es más ajeno a un único método compositivo que el personaje, tratado en muchas obras actuales como mera presencia escénica. Liberada de sujeciones simbólicas, psicológicas, sociológicas o antropológicas la presencia escénica como objetivo de composición artística del actor durante una obra está profundamente condicionada por las proposiciones del director y es imposible reducir su construcción a un método universal. Por cierto que esto se liga a las exigencias de composición en el espectáculo teatral, de lo que siempre se considero la matriz obligada del desarrollo de la puesta en escena y armazón indiscutible de su sentido, el libreto teatral, guión u obra dramática.






Pero, resulta que muchas veces los ensayos de una obra, que son los hitos creadores durante el proceso del montaje o puesta en escena, que es un proceso de producción de sentido, permiten ir diseñando lo que antes la obra nos entregaba desde el primer ensayo, la intención y trascendencia de la representación ante el público. Antes se podía hablar de géneros y especies dramáticas (tragedia, drama, comedia, farsa, melodrama, vodevil…) y recuerdo que en las academias uno hacía ensayos de fragmentos de cada una de ellas. Hoy en cambio aparecen como momentos dentro de las obras. Es obligatorio, por consiguiente, que el actor sea formado en análisis de la obra dramática, del guión dramático.






Y esto no se limita a las propuestas aristotélicas, lopescas, hegelianas, brechtianas, artodianas, ionesquianas. La misma creación colectiva presenta variantes que la acercan a la antigua comedia del arte o a las propuestas de feria y el antiguo teatro de variedades. ¿Y alguien sentirá que cometemos un grave olvido al no mencionar a la danza teatro , la más antigua forma de lo teatral?. Vivimos una época de totalidades expresivas imbricadas y ramificadas a voluntad, y la formación técnica del artista debe considerarlo pero sin tratar de formarlo en todo, que acaba por terminar formándolo en nada. La formación enciclopedista en la base no es el mejor camino, como tampoco lo es la práctica sin reflexión o ésta sin su proyección práctica.






Por sobre todo y ants que nada debe darse una sólida base ética y desarrollarse rigurosamente un método que familiarice con el conocimiento de los caminos de la creatividad y el autoperfeccionamiento. La exigencia primordial de una sólida formación del actor debe dotarlo de la flexibilidad y espontaneidad para participar de esta exigencia. Esta noche se improvisa es el título de una obra de Pirandello y pareciera ser la manera de comenzar a abordar el proceso creativo teatral aquí y ahora.






En próximas entregas iremos ampliando este pórtico al complejo mundo de la formación del actor peruano que responda a los requerimientos de los públicos de la sociedad peruana de hoy y de la que se avizora en el futuro.

lunes 16 de enero de 2012

PRESENCIA DE PIRANDELLO EN EL TEATRO PERUANO

A 75 AÑOS DE SU MUERTE ( 1936-2011)





De Limones de Sicilia a Los Gigantes de la Montaña

Ubicación preliminar







En la historia del teatro occidental la presencia del teatro italiano ha marcado hitos de desarrollo y cambio, desde los lejanos días latinos de la Atelana y de Plauto y Terencio, pasando en el Renacimiento hasta fines de la edad moderna, por el inspirador influjo de la comedia del arte y sus expresiones literarias en los dos Carlo: Goldoni y Gozzi, que convirtieron a las tradicionales máscaras en expresión de la dignidad de la burguesía y sus inquietudes revolucionarias contra la decadente monarquía absolutista. Después, la ópera italiana, nacida en 1600 en la Camerata Florentina del Conde Bardi di Vernio, como un frustrado intento de reconstruir la tragedia griega, desplazó con su fascinante musicalidad y espectacular belleza al teatro dramático hasta que, en la segunda década del siglo XX en todos los países se comenzó a rendir tributo de admiración a un dramaturgo nacido el 28 de junio de 1867 en Girgenti que como Agrigentum, fue antigua colonia romana en Sicilia: Luigi Pirandello Ricci. Lo que podríamos llamar en términos modernos el “boom pirandelliano” ocupó los escenarios del mundo durante los cuarenta años siguientes, para irse poco a poco extinguiendo en la década del setenta.





El teatro peruano no fue ajeno a esta influencia, y es posible encontrar testimonios de sus repercusiones en las recensiones críticas y comentarios hechos en su momento en diarios y revistas. Pero lo destacable de estas apariciones en nuestro país, que comenzaron nueve años después de su muerte, el 10 de diciembre de 1936, aunque no son muchas, y se han dado espaciadamente con largos intervalos de silencio antes del gran silencio que se extiende desde 1978 hasta nuestros días, es que han coincidido con el nacimiento, desarrollo, apogeo y declinación del gran movimiento de los grupos independientes de teatro de arte. La dramaturgia pirandelliana se presenta así en nuestra historia teatral como heraldo de sus primeros intentos de renovación y acompañó a éstos hasta la culminación de sus esfuerzos y la entrega de la posta renovadora a los colectivos independientes de teatro de grupo que hoy, cumplidos los diez primeros años del tercer milenio, van igualmente legando su liderazgo a quienes comienzan a hollar otros rumbos inéditos de la teatralidad.





Antecedentes: Iniciación del periodo de los grupos de teatro de arte




En 1821 nos habíamos declarado independientes políticamente de España pero, en todo lo que siguió del siglo XIX hasta fines de los treinta primeros años del siglo XX, se mantenía en nuestro teatro la influencia hispánica. Esta influencia que se manifestaba en el repertorio y en el estilo de actuación comienza a romperse en 1938, cuando se inicia el movimiento de grupos independientes de teatro de arte con la formación de la Asociación de Artistas Aficionados (AAA). En un comienzo frente a una cartelera plagada de sainetes hispanos adaptados al ambiente local ponen adaptaciones de las Tradiciones de Ricardo Palma, con lo que expresaban su deseo de crear un teatro nacional, y entremeses de Cervantes, con los que se volvía los ojos al teatro clásico del siglo de oro. A partir de estos esfuerzos poco a poco maduraría en los años siguientes un movimiento que colocó dentro de cauces más auténticos y profundos el desarrollo de nuestra escena.







La efervescente década de los cuarenta




Posiblemente no haya periodo más fecundo en cambios sustanciales para la escena peruana que la década de los cuarenta. Durante este decenio aires de renovación alientan la vida teatral lo que se traduce en la formación del Teatro Universitario de San Marcos en 1941 y del Teatro del Pueblo, en 1945, por el Dr. Manuel Beltroy, catedrático universitario que realizó una intensa y fecunda labor promocional del ambiente teatral. El Teatro del Pueblo, que funcionó en el Instituto Musical Bach de Carlos Sánchez Málaga, en la 4ta. Cuadra del Jirón Junín, inicia su proyección al público el 3 de octubre de 1945 en el Teatro Ritz, de la Av. Alfonso Ugarte. Tres obras en un acto conforman el programa: Un duelo (de Anton Chejov), Lumie di Sicilia: Limones de Sicilia (de Luigi Pirandello) y Así que pasen cinco años (de Federico García Lorca). Integraban el elenco: Luis Álvarez, Manuel Velorio, que posteriormente cambio su fúnebre apellido por Delorio y Jorge Montoro, ex-jugadores del Club Sport Lince, de baloncesto. Limones de Sicilia, teatralización de un cuento anterior y que conjuntamente con La Morsa, fueron las dos primeras obras en un acto que en 1910 dieron a conocer a Pirandello, presentada a la par de las creaciones del ruso Anton Chejov y del español García Lorca expresaban el deseo de acercar a los aficionados locales a creaciones más hondas que los superficiales sainetes españoles que se les ofrecía. A 35 años de su primer estreno y a seis años de su muerte Pirandello llegaba al Perú.



Limones de Sicilia fue protagonizada por Luis Álvarez Torres, actor peruano que alcanzaría fama internacional a mediados de los cincuenta, con su interpretación del Ingeniero Echecopar, del drama Collacocha, del autor peruano Enrique Solari Swayne. Luis Álvarez llegó a ser el actor que ha representado más obras de Pirandello en el Perú. Como veremos, en los años siguientes, llevó a escena como director y actor: La Morsa, L´uomo, la bestia e la virtú: El hombre, la bestia y la virtud y El gorro de cascabeles: Il beretto a sonagli. En secundaria como nuestro profesor de teatro en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe, nos hizo interpretar la obra en un acto El Imbécil: Imbecille, bajo su dirección. Una reposición escolar de la misma obra fue realizada por mi, como profesor de teatro de la Gran Unidad Escolar Ricardo Palma, de Surquillo, en 1960.
En 1945 el estado promulga una Ley de Fomento al Teatro por la que se crean la Compañía Nacional de Comedia y la Escuela Nacional de Arte Escénico (ENAE) y se organizan Concursos Nacionales de Teatro en los géneros de drama y comedia. El italiano preferido para las temporadas de la CNC es Gabriele D´Annunzio. El joven actor Oscar Ross se consagra interpretando La antorcha escondida: La fiacola soto il moglio.




La saludable iniciativa gubernamental es puesta en peligro en 1948 cuando, como expresión reeditada de uno de los males endémicos de nuestra república, el general Manuel Apolinario Odría, Ministro de Gobierno de José Luis Bustamante y Rivero, el más cabal demócrata que ha desempeñado la presidencia en el Perú, abjura de sus votos de fidelidad, respeto y defensa del orden establecido y lo defenestra vía un golpe militar proclamándose Presidente de facto. La concepción pirandelliana del engaño (*) conseguía en el Perú un testimonio histórico de su pertinencia. Sin embargo, cosa extraña, la política teatral del estado no se alteró y, salvo un año de interrupción, en 1949, continuó durante la década siguiente.




(*) … quien no logra engañarse no puede hallar gusto ni placer en la vida. Mi arte está lleno de compasión por todos los que se engañan, pero esta compasión no puede dejar de estar seguida de la feroz irrisión del destino que condena al hombre al engaño”.






Clausurando esta década transformacional, en 1949 la AAA lleva a escena por primera vez en nuestro país, una obra mayor de Luigi Pirandello: Enrique IV: Enrico IV. Protagonizada por don Ricardo Roca Rey, quien llegaría a ser uno de los más importantes directores de nuestra historia teatral, cuyos impecables montajes animaron la vida cultural durante el periodo de los grupos independientes de teatro de arte, veintisiete años después de su estreno mundial, Enrique IV, una de las obras más significativas del pensamiento y la estética pirandellianas fue para la escena nacional la afirmación explícita del deseo de un cambio radical. Igualmente la interpretación de los personajes, a pesar de ser hecha por actores aficionados, siguió cauces más sinceros e intimistas que los tonos altisonantes de la manera de actuar heredada de España. Aquí el aporte pirandelliano se dio básicamente a nivel estético, pues se intentaba romper una forma tradicional y simplista de ver el teatro y asumir expresiones de una mayor densidad ideológica y exigencia formal, como eran las de Pirandello. Este drama que plantea los límites que la realidad impone a la identidad, en que el personaje central finge creerse el emperador alemán para poder vengarse y que, consumada su venganza, tiene que continuar fingiendo su locura para no ir a la cárcel, volvería a darse 18 años después como expresión de la madurez que alcanzaron los grupos de teatro de arte.





Los cincuenta y el apogeo de la Escuela Nacional de Arte Escénico (ENAE)





La ENAE incluyó en su repertorio de formación actoral obras de Luigi Pirandello. En 1952 otro de nuestros máximos intérpretes José Velásquez Quevedo secundado por Carlos Gassols, actual patriarca del teatro peruano interpretan El hombre de la flor en la boca: L´Uomo del fiore in bocca.





La ENAE edita el prólogo de Seis personajes… y opiniones críticas sobre el teatro de Pirandello en su serie mimeografiada Estudios sobre Teatro. También difunde impresas obras en un acto como La Morsa, Limones de Sicilia y El Imbécil.




En 1954, Luis Álvarez dirige y encarna al profesor Paolino en El hombre, la bestia y la virtud. Esta descarnada y ácida comedia, donde la hipocresía y falsa dignidad de un profesor ilustra las múltiples caras con las que actuamos en la vida, nos permitió, con su humorismo peculiar, a los jóvenes aficionados, encontrar la salida al laberinto de identidades superpuestas que alternan en el comportamiento de los personajes de las obras del ilustre siciliano.





En 1956 terminan los luctuosos años del ochenio odriista, el nuevo gobierno decreta la desaparición de la ENAE y su reemplazo por el Instituto Nacional de Arte Dramático. Esta sustitución fue injusta y desatinada porque Guillermo Ugarte Chamorro había llevado la ENAE a un importante sitial, y su contribución al desarrollo del teatro peruano era indiscutible. Es entonces que el recién formado grupo Histrión, teatro de arte, integrado por egresados de la Escuela Nacional de Arte Escénico (ENAE), estrena en el Teatro Segura Seis personajes en busca de autor, de Pirandello. El nivel alcanzado por el impecable trabajo artístico fue una demostración de la alta calidad formativa de la ENAE y la confirmación de que la idea de su ex director Guillermo Ugarte Chamorro de convertirla en la cantera de la CNC era pertinente.






Representando Seis personajes en busca de autor : Sei personaggi in cerca d´autore, Histrión, teatro de arte, dirigido por Sergio Arrau, ofreció la máxima expresión histórica de la presencia Pirandelliana en nuestros escenarios. En el Teatro Segura, de Lima, seis personajes de una obra en ensayo ingresan por la platea para exigir una encarnación actoral vívida y precisa, del momento de su vida en que el autor los ha enclavado. A 37 años de su estreno internacional, en 1921, los seis personajes con su carga de incomunicación y absurdo existencial, con su avasallante teatralidad, ponen de pie al público asistente al estreno y a las funciones siguientes con la situación sugestiva y la fuerza impactante de la fantasía de Luigi Pirandello. La calidad del montaje y de las interpretaciones llevan al clímax los nuevos rumbos estéticos y conceptuales del teatro peruano. Lucía Irurita (hijastra), Carlos Gassols (hijo) Hertha Cárdenas (actriz), Carlos Velásquez, Pepe Velásquez, Helena de Krassl obsequian a la memoria todo el ritual y la magia que Pirandello reclamaba para su creación. Recuerdo con nitidez, aunque frisaba entonces 21 años, la escena de la trastienda de Madame Paz que exige una atmósfera de misterio y fascinación porque, si bien es el séptimo personaje que no ha llegado, los demás demuestran que se le puede evocar. Cuando atenuada sutilmente la luz y desplazado discretamente un biombo aparecía Helena de Krassl, austríaca de nacimiento, con pitillera y boa la fascinación de la puesta subía a grados inolvidables, entonces la rebelde hijastra encarnada por la electrizante Lucía Irurita se entregaba sin forzamientos a su conjuro y Carlos Velásquez, el padrastro volvía a sentirse humillado por la vergonzosa situación en la que lo ha fijado la prostituida adolescente. Sólo por instantes como éstos uno repetiría eternamente en sucesivas reencarnaciones su entrega al teatro. Hasta este momento en que los evoco ante ustedes, la hondura dramática de Carlos Gassols, la presencia alada de Hertha Cárdenas retornan con la emoción intemporal que el gran teatro procura. Lucía y Carlos posteriormente encabezarían sus propias compañías.




En los meses siguientes a este inolvidable estreno se conforma una Junta Administradora del Teatro Nacional para reorganizar la labor promotora del estado. A fines de 1957 y comienzos de 1958 esta Junta organiza un Festival Nacional de Teatro. Un nuevo suceso de sabor pirandelliano nos brinda la realidad. En una época en que en Lima eran muy pocos los colectivos teatrales postula un número inusitado de grupos anecdóticamente llamados “fantasmas” porque combinaban los mismos actores para poder obtener subvención para más de una puesta. Sin remitirnos a filosofía alguna, aquí le llamamos a este tipo de conducta “criollada”. Y esta vez la criollada no fue para mal. Pues, con esta estratagema se logró armar una reveladora antología de obras modernas. Entre las que volvió a distinguirse las puestas en escena de Histrión, teatro de arte de El sargento Canuto, de Manuel Ascencio Segura y de La hora de todos, del mexicano Juan José Arreola.






Este grupo, al cual pertenecí, a partir de estas creaciones mantuvo muy en alto el nivel artístico de la escena peruana, trayectoria que se coronaría con la puesta en 1968 de Marat-Sade, de Peter Weiss, igualmente dirigida por Sergio Arrau. Antes de ese histórico montaje tuve la satisfacción personal de dirigír para Histrión en 1967 Enrique IV. Pero no avancemos tanto y permanezcamos un momento más en los diez años anteriores.





Los años sesenta; apogeo y declinación de los grupos de teatro de arte






Cuando en 1958 la ENAE desaparece, su director, Guillermo Ugarte Chamorro, pasa a dirigir el Teatro Universitario de San Marcos (TUSM). Hasta ese momento la actividad teatral universitaria era muy pobre, el Dr. Ugarte le imprime un impulso inusitado.





El 20 de setiembre de 1960 como expresión tangible de este crecimiento pone La Morsa, dirigida por Luis Álvarez. El crítico peruano Alfonso La Torre dijo al respecto:






"La Morsa, a base de una menuda trama melodramática introduce a los actores noveles y al público en el complejo drama pirandelliano: el sutil juego de la ficción y de la realidad que desgarra a los personajes y que asumiría su plenitud artística y su nihilismo filosófico en Seis personajes en busca de autor…”Bastó que Luis Álvarez, aplomado, con una dual deliberación, introdujera y elaborara el diabolismo del marido para que el espectáculos se superara”.







En 1960, en el desaparecido Auditorio de Radio Mundial que quedaba en el Jirón de la Unión, Lucía Irurita, la actriz que más obras de Pirandello ha representado en el Perú, interpreta, tres obras en un acto, una de las cuales es Cece, obra en un acto poco conocida, de Pirandello.




En 1961 el institucionalizado Teatro de la Universidad Católica (TUC) bajo la conducción de Ricardo Blume Traverso inicia sus actividades con un programa de dos obras: La Tinaja, de Luigi Pirandello y Tristán e Isolda, de León Felipe.





En 1965 el TUSM convoca a actores profesionales egresados de la ENAE los que, dirigidos por Hernando Cortés, ofrecen El gorro de cascabeles. El dramaturgo Juan Ríos Rey reseñó el estreno:




“Lucía Irurita se identificó paulatinamente con la deplorable heroína de la tragicomedia. Su versión de la frenética última escena fue en extremo comunicativa… Luis Álvarez encarnó con profunda sinceridad y bien dosificado sentimiento al infortunado Ciampa. Realizó, a mi juicio, una de las mejores interpretaciones de su ejemplar carrera. Hernando Cortés dirigió con delicadeza y ritmo el espectáculo e hizo una convincente caricatura del desatinado comisario…





En 1967 protagonizada por José Velásquez Histrión pone Enrique IV bajo mi dirección. Pero este Pirandello no llega para renovar criterios estéticos sino como una denuncia de la atmósfera de corrupción en la que se vivía y que había encendido la protesta armada de las guerrillas de 1965 y daría pie a la insurrección en 1968 del general Juan Velasco Alvarado.




Ese mismo año, la Compañía de Lucía Irurita, con ella en el papel de Emilia Drei, escenifica en la Sala Alzedo Vestir al desnudo: Vestire gli ignudi.





Los años setenta y el gran silencio




Todavía podemos por estos años escuchar y ver obras de Pirandello por televisión, en el Canal 4, en el programa Noches de Teatro, que dirigía Carlos Gassols y actuaba su inseparable compañera Hertha Cárdenas. En 1974 dan El hombre, la bestia y la virtud y en 1975 El gorro de cascabeles. Pero, apenas un montaje de Pîrandello ocupará nuestros escenarios. El gorro de cascabeles se repetiría en nuestra cartelera en 1978 por el grupo El galpón de Alejandro Anderson. De esto hace ya treinta y tres años. No se ha vuelto a dar ningún montaje importante de Pirandello desde entonces.





No andaban por nuestras tierras ya los tiempos para ver las angustias de Ciampa y su honor maltrecho. Otros temas reclamaba la escena nacional. Pienso que igual fenómeno se ha dado en el mundo entero. El teatro épico, el teatro del absurdo renovaron las formas escénicas. Bertolt Brecht, Friedrich Durrenmatt, Eugenio Ionesco, Samuel Beckett, Fernando Arrabal, llenan la escena de un teatro que parece negar al teatro y sin embargo es su ruta de salvación. Pirandello queda como un recuerdo. Sin embargo ecos de su presencia se dan en todos estos movimientos. Es como si las diferentes facetas del teatro pirandelliano se hubieran fragmentado y diseminado en las diversas expresiones del teatro actual.





Las situaciones de sus obras que plantearon siempre problemas de identidad hasta niveles neuróticos o de locura, abrieron las rutas del absurdo incomunicativo o del absurdo metafísico. Al retratar la tragedia moral de la posguerra, la angustia, la ruina espiritual en que se hallaba sumida Europa, su teatro apunta ya a esa descomposición que occidente ha dado en llamar postmodernidad. Vibra en las situaciones de su teatro el sentimiento de la imposibilidad de conocer todas las facetas de un individuo. En los últimos años de su vida, fiel a lo que expresara alguna vez al tratar sobre el teatro viejo y el teatro joven, sus creaciones inauguraron otros intentos más allá del enunciado inmediato de los espejos, aunque siempre dentro de la convención del teatro dentro del teatro.





Luego de 33 años de silencio, a 75 años de su muerte, Pirandello resucita en nuestros escenarios. Vuelve cuando se están cumpliendo 40 años del movimiento de teatro de grupo que fue el que siguió al de los grupos independientes de teatro de arte a los que acompañó en su lucha por enaltecer el repertorio de la escena nacional. Su retorno coincide con el germinar de creaciones que se riegan con aguas que discurren por cauces diferentes. Y lo hace con Los Gigantes de la Montaña. La inconclusa obra que se estrenara un año después de su muerte en Europa y en Latinoamérica en 1957 por el Teatro Nacional del Uruguay. Como en anteriores ocasiones, el 13 de Setiembre en Lima puede ser una fecha histórica.





En todo caso con este estreno se cierra un ciclo aleccionante, desde Limones de Sicilia en que vibraba la identidad regional como energía para recuperar la sinceridad a esta inconclusa obra póstuma donde esta vibración energética se busca y se pierde en las alturas de una montaña ignota que puede estar en cualquier lado y, por estarlo, el legado de completarla nos corresponde a cada uno de nosotros, como parte del esfuerzo de aprender a ser y a convivir con nuestros semejantes.

lunes 1 de agosto de 2011

IMPORTANTE PRECISIÓN HISTÓRICA

El maestro Reynaldo D´Amore Black, por quien tengo especial cariño y admiración, publicó en perúteatro una nota aclaratoria al artículo histórico sobre la Escuela Nacional de Arte Escénico (ENAE) escrito por mí y en el que lo identificaba como un becario de la ENAE. Él envió la precisión adjunta que ahora publicamos en El Consueta.




En nota amical, con las debidas disculpas, le manifesté entonces que mi error derivaba de una fotografía aparecida en la revista ENAE donde se mencionaba como becarios a un grupo de jóvenes argentinos que, posteriormente, fueron sus colaboradores en el Club de Teatro de Lima y que siempre me había extrañado que él no apareciese en ella. Completamos esta aclaración editando la breve y precisa respuesta del maestro.




La verdadera historia del Teatro en el Perú se dignifica con este tipò de precisiones.


" En el libro de la ENSAD sobre Antología de la Dramaturgia leo en la pag. 426: "... también influyó en este cambio Reynaldo Damore Black que había llegado como becario a la Escuela".


Éste es un dato inexacto. Yo vine Contratado por el M. de Educación Pública del Perú para dirigir la Temporada de la CIA. NACIONAL de COMEDIA de Mayo a Julio de 1952 y poner en escena una obra y, además, para dictar un curso de Actuación a los 3 años de la ENAE (la ENSAD de ese entonces), plazo de tres meses que se extendió a todo el año cuando Guillermo Ugarte Chamorro entusiasmado porque yo introducía las improvisaciones orales en las clases me propuso quedarme como profesor estable y luego hizo lo imposible para lograr que la Asociación Hebraica de Buenos Aires ( cuyo teatro dirigía desde hacía varios años) me diera permiso para aceptar su proposición. Sucede que este sistema de educación lo inicié también en la Argentina y aquí lo empecé años antes de que mi amigo Sergio Arrau lo efectuara en la ENAE. Todo lo demás es otra historia la del CLUB de Teatro de Lima, que este año cumple el 58 aniversario. Ya la contaremos. Gracias, Reynaldo D´Amore.


Caro amigo: La fotografía publicada en la revista ENAE ( que fue la que me indujo a publicar el dato errado que motivó la aclaración del maestro) es seguramente de mis exalumnos de la Asociación Hebraica de Buenos Aires que, al enterarse de que yo no volvía a dirigirlos, se vinieron siguiéndome en una historia que a la gente le cuesta trabajo aceptar y así una vez en TV un periodista me preguntó cómo había venido el grupo del Club. Yo le precisé ésos eran alumnos míos que al venir a Lima se les consideró becados (por el deseo de Ugarte Chamorro de que estuvieran en la ENAE). Pero que al salir yo de la misma cuando decidí quedarme en Perú ( me había casado ya con la que fue mi esposa, una ex-alumna, Martha Lorenzi, la cual fu después actriz del Club de Teatro. Mi única esposa hasta el presente, que murió cinco años después de la muerte en Rumania de mi hijo Reynaldo a sus 23 años. Ella no pudo soportar su muerte y murió como él, del corazón.


Ésa es otra historia, cómo y por qué salí de la ENAE, y cómo me siguieron alumnos argentinos y peruanos, como Ofelia Woloshin, Gloria Zegarra y otros, con los cuales íbamos a crear primero un conjunto que actuó en el NEGRO NEGRO desde Junio del 53; hasta que en Julio se decidió la creación del CLUB DE TEATRO".


La memoria histórica se enriquece con las precisiones de sus protagonistas.

martes 8 de febrero de 2011

SIGLO XIX: LA BÚSQUEDA DE LA IDENTIDAD NACIONAL

III

3.1 Prolongación de la influencia hispánica

En el siglo XIX y principios del XX se mantendrá una gran afición por el teatro en Lima. No sólo por el alto nivel de asistencia del público sino por las representaciones caseras realizadas con ocasión de las tertulias familiares. La zarzuela es el género preferido.

A pesar que durante ese tiempo se mantuvo la influencia del teatro español, el espíritu patriótico expresó nuestra identidad en: el costumbrismo, el teatro andino en quechua y el folclor. Este ardor nacionalista se manifiesta también en la profusión de obras alegóricas que se escriben en esta etapa.

La primera obra del Perú Independiente

Los Patriotas de Lima en la noche feliz, estrenada el 1 de Agosto de 1821, Drama en dos actos, firmado por M.C. e impreso sin fecha en Lima, es considerada la primera obra teatral que se dio después de la declaración de la independencia. Trata del júbilo experimentado por los patriotas limeños en la noche del ingreso a nuestra capital del Ejército Libertador. Fue puesta en escena por la compañía en que actuaba Antonio Barbeíto y la célebre Teresa Navarrete, llamada “La Templadora”.(Rubén Vargas Ugarte-1974- p45). Atribuída a Miguel del Carpio. Se hace mención del suceso en la Gaceta de Gobierno de Lima Independiente del 16 de Agosto de 1821.

Dignificación de la profesión teatral

Labor significativa cumplió en los albores de la república don Félix Devoti, Censor y Director del Teatro de Lima. Una de sus más importantes sugerencias en pro de la dignificación del Teatro Nacional precisaba: “cuánto convendría al progreso de este establecimiento declarar libres de toda nota a los individuos que ejercitasen el arte cómico”. Esta opinión motivó que el 31 de Diciembre de 1821 el Protector del Perú, Don José de San Martín expidiese el siguiente decreto:

Las preocupaciones deben ceder a la justicia y a las luces del siglo. Todo individuo que se proporciona su subsistencia en cualquier arte que contribuya a la prosperidad y lustre del país en el que se halla, es digno de la consideración pública. Un teatro fijo como el de esta capital sistemado conforme a las reglas de una sana policía y en el que las piezas que se recitan bajo la dirección de la autoridad pública , no exceden los límites de la honestidad y del decoro, es un establecimiento moral y político de la mayor utilidad. Por tanto he acordado y declaro:1º El arte escénico no irroga infamia al que lo profesa; 2º Los que ejerzan este arte en el Perú podrán optar a los empleos públicos y serán considerados en la sociedad según la regularidad de sus costumbres, y a proporción de los talentos que posean; 3º Los cómicos que por sus vicios degradaran la profesión , serán separados de ella. Insértese en la Gaceta Oficial.


La idea general del Perú y, la fundación de la Patria Nueva y el espíritu patriótico

Hipólito Unanue en el Mercurio Peruano del 2 de enero de 1791 expresa:
El principal objeto de este papel periódico, segùn el anuncio que se anticipó en el prospecto, es hacer más conocido el país que habitamos, este país contra el qual los Autores extrangeros han publicado tantos paralogismos…

En las páginas de Mercurio Peruano se practicó un periodismo esclarecedor de la multiculturalidad peruana; con una visión patriótica totalizante valoró las expresiones populares viabilizando el costumbrismo y relacionando la actividad literaria con la política.

La urgente tarea de fundar la Patria Nueva se traduce en decretos como el del 15 de febrero de 1822, por el que el Supremo Delegado Torre Tagle disponía que
en los tribunales de cualquier fuero, en las paradas militares, ejercicios doctrinales, en el teatro y demás diversiones públicas la persona que presidía pronunciara en alta voz, al empezar y terminar el acto, la expresión Viva la Patria, “que será repetida por los concurrentes”.

Por ley del 24 de noviembre de 1822, del primer Congreso Constituyente, se sustituyó la expresión por la de Viva el Perú.

El Costumbrismo

La búsqueda de un tono local que no duplicase el teatro de aliento peninsular heredado de la colonia y que permitiese el enfoque crítico de la vida en la naciente república, orientarán las comedias del Costumbrismo teatral peruano. El 18 de setiembre de 1821, el periódico limeño Los Andes publicó un comentario que destacaba los valores del teatro como “espejo de las costumbres” “hospital de los vicios morales” y “termómetro del gusto e ilustración pública”. El teatro costumbrista, durante los agitados días de las luchas caudillistas y las dictaduras, se caracterizó por su apego a la realidad que describió con tono de humor satírico, festivo más que de crítica punzante.

Frutos de la educación, de Felipe Pardo y Aliaga; es la primera obra en la que se logra este propósito con eficacia dramatúrgica; con ella nace el costumbrismo teatral republicano., al que se sumará la producción de Manuel Ascencio Segura. Ambos autores son aceptados como nuestros clásicos.
Sus propuestas corresponden a dos orientaciones que reflejan en cierto grado la extracción social y procedencia de los dos autores.

La sátira en el carácter limeño

Desde la colonia, la sátira fue un tono peculiar de nuestros escritores. Para Raúl Porras Barrenechea es un tono innato en el carácter limeño. Francisco García Calderón lo atribuye a que en nosotros “la gracia andaluza ha vencido a la austeridad castellana”.Nos divierte y nos libera reírnos de nuestros propios ideales y creencias.

De 1825 a 1875 la sátira fue el género literario por excelencia. Los apodos, el piropo, en los versos la vida íntima y pública fue satirizada. En el teatro animó el costumbrismo. Felipe Pardo puso la Constitución en sátira; Juan de Arona llamó “soberasnía” a la soberanía popular.

Rosa Arciniega se interroga en un artículo aparecido en Cultura Peruana de Julio-Agosto de 1963:
¿Era posible en este ambiente de sarcasmos y de chacota, crear una mística nacional- entiéndase bien nacional, no nacionalista- fortalecer esa fe en los destinos nacionales que imperiosamente es necesaria para alcanzarlos en la práctica? Creo sinceramente que no, creo más bien que era el camino de la desilusión y el derrotismo que conduce a las manifiestas decadencias. Por eso opino que la, sátira fue entre nosotros un grave mal del que nos costará reponernos”.

La sátira reinó y reina inclusive hoy en el Perú. En detrimento de la seriedad reflexiva.

Felipe Pardo y Aliaga (Lima, 1806-1868)

Educado en España en el Colegio de San Mateo, donde tuvo como compañero a José de Espronceda. En 1823 cerró el colegio, pero continuó recibiendo clases en casa del escritor Alberto Lista y Aragón, maestro de la juventud. En 1828 retorna al Perú. Trabaja en el Mercurio Peruano. En 1830 pasó a ser redactor de los periódicos oficiales. De combativa pluma poética, satírica y política falleció en la Pascua de 1868, en Lima.

Pardo fue el primer peruano nombrado miembro de la Academia Española de la Lengua y puede considerársele el fundador de la crítica teatral en el Perú:”No menos de veinticinco obras representadas en el teatro de Lima entre los meses de junio y diciembre de 1828 fueron juzgadas por Felipe Pardo, y su colega José Antolín Rodulfo, en las páginas del diario Mercurio Peruano, que dirigía José María Pando”.
.
Su hijo, Manuel Pardo y Lavalle, fue jefe del partido civilista y el primer presidente civil del Perú (1872-76). Su nieto José Pardo y Barreda también lo fue en 1904 y en 1916,

Obras

En Frutos de la Educación (1828) revela, a través de una intriga central de corte galante, los intereses económicos y los prejuicios culturales y de identidad en la naciente república así como una clara censura al mestizaje y a la relación entre grupos sociales.

En Don Leocadio y el Aniversario de Ayacucho y en Una huérfana en Chorrillos , escritas cinco años después insistirá sobre la necesidad de ver con ojos progresistas la vida nacional.

En el estreno de Don Leocadio, la mulata Juana fue muy bien interpretada por Ernestina Zamorano, actriz de la Cia. Perlá-Burón (1904)

Guillermo Ugarte Chamorro en 1968, con ocasión del centenario de la muerte de Felipe Pardo y Aliaga, puntualizó una documentada serie de datos sobre la producción teatral de Pardo y Aliaga: “En Madrid (1826) tradujo el drama Clitemnestra, del francés Alejandro Soumet. La primera obra se representó el 17 de junio de 1830 y fue la traducción de la tragedia Inés de Castro, del autor portugués Juan Baptista Gomes (Mercurio Peruano 711, del 8 de enero de 1830). Se mencionan además la obra inconclusa La flecha perdida, atribuida por Tamayo Vargas a Pardo y Aliaga. Y finalmente Claudia
, obra tomada del francés Juan Pedro Claris de Florián (1755-1794), que fue estrenada en el coliseo de Lima el 6 de octubre de 1831 (La Miscelanea 381, del 8 de octubre de 1831).

Un Viaje. artículo periodístico de costumbres escrito con ocasión de su partida a Santiago de Chile, ha merecido acertadas interpretaciones unipersonales como la del gran actor peruano Carlos Velásquez, que creara un Niño Goyito inolvidable, en la década del cincuenta.

Es aguda la sátira de su Constitución Política, en verso y
Vaya una República.

Manuel Ascencio Segura y Cordero
(Lima 1805-id. 1871)

Ex Sargento Mayor del ejército patriota, luego de integrar la facción realista hasta la batalla de Ayacucho. Como dramaturgo nos brindará un teatro de corte diferente al de Pardo. Inscrito en la mejor tradición de la sátira y la crítica criollas.

Aunque cultivó el teatro histórico, son sus comedias las que lo han consagrado como el "Padre del teatro peruano“.

Obras

Sus primeras obras se estrenaron en 1839: Amor y Política y
El Sargento Canuto.
Con La saya y el manto y La moza mala (1842) ingresa francamente al costumbrismo.
El Sargento Canuto, se inscribe en la tradición de la comedia de crítica a las profesiones como el Pirgopolinices de El Soldado Fanfarrón, de Plauto. Lo mismo que Ña Catita (24 de enero de 1845) recuerda a la trotaconventos de la tradición hispana.
En Un juguete hay una elaboración más ágil del diálogo y del diseño de los personajes. Aunque mantiene la monotonía argumental del casamiento por interés.
Las tres viudas se traducen con un estilo más psicologista. Pero no continuó con él.

Confrontación Pardo-Segura según Luis Alber Sánchez

Sus enfoques críticos de la vida nacional responden a la diferente experiencia social de cada uno. Luis Alberto Sánchez los compara:
“Pardo vive en el salón (de Pando, de Mora, el suyo propio). Segura, en la redacción y la puerta de calle o, en sus postrimerías, en el callejón de Mena.
Pardo practica la política. Segura la teme.
Pardo prefiere el cenáculo cultista, Segura, el corral de comedias a donde entra el que paga.
Pardo se concentra en Lima, Segura describe Pampas, Piura, Huancavelica, la provincia
Pardo describe personajes de una clase media acomodada. Segura, del pueblo o de clase media relacionada con él.
Pardo es un hombre atildado con un sentido satírico. Limeño. Segura es Padre de un teatro popular pintoresco, en contacto con la vida popular.
Para Pardo, la costumbre es algo por corregir o aprovechar en bien propio. Segura se deleita con las imágenes y recuerdo de las costumbres que pinta.
Pardo es un emigrado en su propia tierra. Segura es un personaje oriundo del Perú.
Pardo mira las cosas desde lo alto. Para Segura las cosas están a su nivel, son parte de él.
Pardo busca aires extranjeros. Segura se satura de aires peruanos
Pardo está enterrado en un mausoleo. Segura lo está en una modesta tumba.

Romanticismo Teatral
(1850)

Resulta forzado y hasta postizo hablar de un teatro romántico en el Perú décimonónico, pues no hubo aquí una situación similar a la que provocó el romanticismo teatral en la Alemania del Sturm und Drang, de Klinger, ni la de la revolución de 1789, en Francia.
Si sólo limitamos este movimiento al color local y al desborde apasionado, posiblemente podamos hallar ejemplos en el teatro costumbrista; pero el romanticismo europeo fue más allá de estas características; aunque igualmente no dio grandes obras teatrales.

El color local y el color de época fueron características del romanticismo europeo. Así tenemos que:

* Para Benjamín Constant Rebecque (1767-1830).”Si la tragedia ha de renunciar a las unidades de tiempo y lugar, debe aferrarse al color local. Éste caracteriza esencialmente el estado de la sociedad que las composiciones dramáticas se proponen pintar. El color local. posee encanto e interés particulares. Antes, el encanto no era apreciado… el color local. es la base de toda verdad, sin él nada sobrevivirá en el futuro” (Reflexions sur la tragedie de “Wallenstein” et sur le théâtre allemand).

* Por su parte, Víctor Hugo (1802-1885) dice: “
No porque le convenga dar, como se dice ahora, color local., esto es, añadir algunos toques chillones aquí y allá, en un conjunto que continúe siendo falso y convencional, sino porque no es en la superficie del drama donde debe estar el color. local., sino en el fondo, en el corazón mismo de la obra, desde el que se esparza por fuera de ella natural e igualmente y, por así decirlo, en todos los rincones del drama”.
El drama debe estar impregnado de color de época, debe de aspirarse en él de tal modo que nos apercibamos que, entrando o saliendo de él, hemos cambiado de siglo y de atmósfera. Se necesitan algunos estudios y bastante trabajo para conseguirlo, pero esto le da más mérito”.
(Prefacio de Cronwell)

Pero, el romanticismo nacional, además de darse a destiempo en relación a su modelo europeo, no reflejó el color local, salvo en las obras de los costumbristas; y mucho menos el color de época, limitándose en los mejores casos a exaltar el espíritu patriótico en alegorías fervorosas, en el período de auge de la riqueza guanera. Como dato anecdótico recordaremos que Corpancho escribió un poema dedicado a Castilla.

Es por eso que las obras del “romanticismo teatral” no tuvieron en el Perú una especial significación para el desarrollo de un teatro nacional. Por otra parte, el teatro no fue actividad principal de ninguno de estos escritores.

El Presidente Ramón Castilla brindó apoyo a los dramaturgos románticos:
- Manuel Nicolás Corpancho (1831-1863): El poeta cruzado
- Ricardo Palma: (1833-1919): Rodil (13-02-1852). Escribe además: La hermana del verdugo, La muerte o la libertad, y a
- Luis Benjamín Cisneros (1837-1904) : Poeta coronado por el Ateneo de Lima. Escribe la alegoría: El Pabellón Peruano, y el drama: Alfredo el sevillano (1856), elogiado por Palma. Ambas fueron estrenadas en el Principal con notable buen éxito. Además de teatro y poesía escribió dos novelas.

Otros autores son:
- Carlos Augusto Salaverry (1830-1891):
Atahualpa o La conquista del Perú

- Clemente Althaus (1835.1881) Poeta limeño. Escribió El Antioquio, drama que estreno Burón en el teatro Principal, el sábado 24 de febrero de 1877.
No presenció el estreno de su obra porque se hallaba en París en una casa de locos. Cuatro años después falleció.

- José Arnaldo Márquez (1832-1903) Escribió: La bandera de Ayacucho, Pablo o la familia del mendigo y La cartera del ministro. La agonía de Colón (1878), El cordón sanitario (1887). * Su hermano Luis Márquez presentó la zarzuela La novia del colegial (1886), al Concurso Literario del Ateneo de Lima-1887,y obtuvo la Medalla de Oro. La música es de su hermana Manuela Antonia Márquez. Sin embargo, fue estrenada en el Politeama, como obra dramática.

Locales teatrales

* Alejandro Tessiëre (tenor) y Carlos Zuderell (empresario) construyen en la calle de Espaderos el “Salón lírico-dramático” o “Sala de Arte”(1850), para conciertos. Pero en 1851, la Cia de Mateo Loghlin comenzó a hacer teatro y se llamó “Teatro de Variedades”. Francisco Lazo pintó el telón de boca y una decoración.
No hay que confundir con otro teatro del mismo nombre, en la calle del Correo, que duró pocos meses y desapareció al inaugurarse el Olimpo

* Fue tal la afición por el teatro de los limeños que, cuenta Manuel Moncloa y Covarrubias, se abrieron Locales Habilitados: En 1847 la ´Casa de Gallos´ se habilitó como Teatro Provisional. Y trabajó la Cia. Dramática de Casacubierta, Jiménez y la Emilia Hernández.
A fines de 1868 se habilitó el almacén 44 de la calle del Correo. Se hizo marionetas con escenografías de Leonardi que construiría y decoraría años después el Politeama.

* Inclusive en las casas particulares se representaban comedias y dramas por señoritas y caballeros de la sociedad de Lima.
1861: El 9 de abril en El Chalaco, se reseña una función casera por Monserrat, de ´El bello ideal¨, de Carlos Augusto Salaverry.
1865: En la casa de Fernando Casós, de la calle Bodegones.
1884: José Sánchez, de la calle Capón.
1890: Manuel Moncloa, en la calle Gremios 136

* Uno de los primeros Café cantantes fue el Alahambra. Propiedad del francés M. Baudichon. Abierto en la calle de Mercaderes en 1872. Se hacían piezas en un acto, bailes por turnos y se tomaba café o copa por dos pesetas.
Lo licencioso de los ademanes y bailes y los escándalos que había entre espectadores, artistas y bailarines, hizo que la autoridad lo clausurara al poco tiempo.

* El más grande local teatral de Lima fue el Politeama (1900 espectadores). Construido en la calle El Sauce por Ángel Nicoletti. Se inauguró con Il Trovatore, por la Cia. de ópera Ugolini.
Fue clausurado en setiembre de 1903 por el mal estado de su techumbre. Pero, se volvió a abrir en 1904.

Visita de la Compañía infantil Barrios

Fue la primera de su género que trabajó en Lima. El 22 de diciembre de 1872 estrenó en el Principal, la comedia de Bretón: Una de tantas.
La integraban los hermanitos Barrios: Abelardo (12 años), Sara (11), Víctor (7), Ida (5) y Carlitos (3)
La visita de estas compañía desataría emulaciones en el siglo XX.

El Teatro y la Guerra del Pacífico

Testimonio doloroso y objetivo ofrecen las obras escritas en relación con las repercusiones antes, durante y posteriores a la Guerra del Pacífico. Rubèn Quiroz ha escrito La Guerra del Pacífico en el Teatro Peruano, revelador estudio sobre este delicado tema.

En La Guerra de Chile, de Isidro Mariano Pérez (1832?-1880), el protagonista, Enrique enfrenta los ruegos de María, su madre y de Victoria, su novia y hasta el parecer contrario de su amigo Pablo, quien también se decide al final a partir al frente.
Las pasadas glorias de Junín y Ayacucho y la del Combate del 2 de mayo enceguecen a los peruanos que miran “La Guerra de Chile”, no del Perú, como una locura del ”país del sur manipulado por sus gobernantes” a la que pronto se pondrá término.
El verso final, dicho con las notas del Himno Nacional como fondo triunfal, es esclarecedor de este estado de ánimo.
Y muera el pueblo insolente
Que perturba a las naciones
Ideas y no cañones
Quiere el siglo diecinueve.

En 1880, en plena guerra, muertos ya Grau y Bolognesi, la Compañía de Eloy Perillán Buxó estrenó su obra Muerto en Vida, a beneficio de los militares heridos en la Batalla de Arica
Es un melodrama sobre identidades ignoradas, en el contexto de la guerra perdida. La atmósfera que genera el retorno de los cuerpos de nuestros héroes fallecidos establece un contrapunto entre la agonía social y la íntima de los protagonistas, en el que se impone al dolor personal el de la patria vencida. El recurso del agonizante mudo que habla al final antes de morir es típicamente melodramático.
A diferencia de otras obras sobre el tema bélico no se escuchan las notas del Himno Nacional.

Abelardo Gamarra, “El Tunante”(1850-1924)

Es el dramaturgo que mejor testimonia en sus obras teatrales las condiciones y el estado de ánimo que siguió a la derrota. Sus obras, escritas después de la guerra del Pacífico permiten apreciar la situación política y social del Perú de posguerra; sobre todo en la capital.
Para José Carlos Mariátegui “
Es el escritor que con mayor pureza traduce y expresa las provincias. Por su sentimiento, por su entonación, su obra es la más genuinamente peruana, en medio de un siglo de imitaciones y balbuceos”
1886: Ya vienen los chilenos revela las traiciones en el periodo de la resistencia cacerista.
1887: Ña Codeo, muestra los intereses de una madre por casar a su hija con un hombre adinerado. De su tema se puede deducir interesantes conclusiones sobre la situación de la mujer y la condición económica de la clase media.
1891: El Yaraví, en homenaje a Melgar; estrenada como zarzuela con música de Carmelo Grajales.
1892: Ir por lana y salir trasquilado o Casas del tiempo, permite apreciar las condiciones de pobreza en que se vivía después de la ocupación chilena.

Juan de Arona (1839-1895)
Seudónimo de Pedro Paz Soldán y Unanue.

De línea costumbrista. Son obras suyas. El Intrigante Castigado (1867), Más menos y ni más ni menos (1870), Pasada pesada en posada (1883) y la alegoría Las sombras inmortales de la Patria (1890).
Ferviente cultivador de lo criollo y a la vez un humanista consumado. Su Diccionario de Peruanismos es de obligada consulta, a pesar del tiempo. Para Luis Aberto Sánchez “Gruñe más que suspira”. “Sonetos y Chispazos” es una publicación antológica de sus versos satíricos y gruñones.
Su teatro en un acto juega con las características del comportamiento criollo, al que frontalmente censura. Su teatro alegórico revela un hondo patriotismo.

Manuel Moncloa y Covarrubias (1859-1911)

Dramaturgo e historiador, de seudónimo Cloamón (1859-1911), publicó El Teatro en Lima (1909).
A Cloamón debemos las principales investigaciones sobre el teatro finisecular del XIX y albores del Siglo XX hasta 1910: De Telón Adentro (1891), Diccionario Teatral del Perú (1905) y Mujeres de Teatro (1910).
De sus obras teatrales mencionaremos: El Nudo (1882) que inauguró el teatro casero Pepín. ¿ Dos o uno? (1883). La Montonera, En bicicleta, Gotas mortales (1895) De Lima a Chorrillos y Sin cuartel (1903)
La gran calle.
Lima por dentro
, escrita en colaboración con su hijo, estrenada en el Teatro Olimpo en 1906, con música de Ventura Morales, obtuvo notable éxito de público.

Carlos Germán Amézaga (1862-1906)

Escribe Vamos a Lima, apropósito en un acto de la época de la guerra con Chile, 1879.
También crea piezas de costumbres como Casamiento y mortaja, juguete cómico en un acto y en verso y La comedia del honor.
Zarzuelas: El practicante Colirio, con música de José Ignacio Veintemilla. La Esquina de Mercaderes, música de su hermano Emilio.
En 1900, Antonio Vico le estrenó en el Principal, Juez del crimen, en prosa en un acto.
El 20 de abril de 1901 el mismo actor le estrena en La Habana Sofía Perowskaia,. en la que se aparta de la línea costumbrista. Alcanzó 14 representaciones. Se desarrolla en Rusia, donde Sofía se adscribe al espíritu revolucionario por amor y acepta morir por ello en actitud típicamente romántica.
En 1902, en el Olimpo, Burón le estrena El sacrificio de Antequera, que mereció encontradas críticas.

Juan Byron Markholz (1860-1895)

Murió muy joven debido a sus experiencias con el bacilo de la tuberculosis. Fue un ferviente admirador del teatro. Participaba de los teatros caseros como actor cómico y escenógrafo. Fundó el Club Talía, (1876-1880) sociedad filodramática que se presentaba en el teatro Amauta.
Según Manuel Moncloa, escribió: Vamos a Antofagasta, La de a mil, la zarzuela Soledad, con música de José Benigno Ugarte, y La mesa parlante.

Prolongación del Costumbrismo y afición por la zarzuela

Como podremos apreciar, el costumbrismo continuó teniendo cultores durante el siglo XX: Moncloa, Amézaga, Yerovi, Pastor… Algunas obras de Sebastián Salazar Bondy (1924-1965) podrían incluirse en esta lista. Como Dos Viejas van por la Calle, El Fabricante de Deudas, Ifigenia en el Mercado y La Escuela de los Chismes.

Los primeros empresarios de las llamadas Tandas, especie de zarzuelas continuadas, fueron Federico Araoz, Belisario Sánchez Dávila y Félix Armando Pérez, que se separó de la empresa. La temporada comenzó en la pascua de abril y duró hasta enero de 1890.
Era tal la afición por estos espectáculos que la popular zarzuela La Gran Vía, alcanzó 150 representaciones consecutivas. La concurrencia era tan alta que hubo que reemplazar las barandas de entrada por una reja de hierro.

La familia Villarán

*Acisclo, poeta cómico, es autor de Tregua y reivindicación, El triunfo del Perú (1860), Ocurrencias de policía (1870), Apoteosis de Garibaldi, El cura de Locumba, La caja fiscal.

*Aureliano, creó Mentiras y Candideces (1879).. Sus hijos también fueron dramaturgos. Murió en Cerro de Pasco-1883

*Manuela Villarán de Plasencia, escribe Agencia Matrimonial.

Ricardo Villarán Godoy, hijo de Aureliano, fundó la empresa cinematográfica Amauta Film que produjo La bailarina loca, La falsa huella y De carne somos.
Sus obras teatrales se representaron en el extranjero

Sara Bernhardt en Lima (1886)

Considerada una de las mejores actrices del mundo; fue llamada “divina” y Lima tuvo ocasión de apreciarla. Moncloa cuenta que para verla se pagó precios alzados: palcos de 30 soles de plata y butacas de 6.
Nacida en Francia el 22-10-1844. A los 14 años empezó sus estudios de declamación con Provost, del Conservatorio de París. Murió el 26-03-1923.
Hizo 10 funciones desde el 24-11-1886. Moncloa consigna que integraban su elenco: Juana Malvau, Fontanges, Mme. Renard, Susana Seylor, Marie Vallot, Marcela Bobin, Mme. Lacroix y Joliet, Felipe Garnier, Angelo, Fraisier, Thefer, Bertier, Piron, Decori, Faurnie y Carterau.
Abrió los diez días de temporada: “Fédora”, de Sardou. También ofreció “La dama de las Camelias”, de Dumas.

El Primer Indigenismo Teatral

Los indios en estas obras iniciales aparecen como figuras exóticas y no hablan desde su autenticidad sino como seres sometidos. Los autores recurren a las leyendas y no a la actualidad.

Hima Súmac, de Clorinda Matto de Turner (1854-1909): Obra en tres actos y en prosa. Sucede en el Cusco durante el levantamiento de Túpac Amaru II. Hima Súmac, nieta de Ollanta es seducida por Gonzalo Espinar, ambicioso joven español que quiere saber donde se encuentra el tesoro de los incas, lo cual le es revelado por la enamorada. Pero Kis Kis, mata a la pareja.
Se estrenó en Arequipa, el 16 de octubre de 1884.

Germán Leguía Martínez (Lambayeque 1860), es autor de La calumnia, drama social en verso que se estrenó en el Teatro Olimpo, de Lima, el 12 de setiembre de 1891. Reseñada en El Comercio dos días después (14).
En 1919 estrena Manchay Puito, en el Teatro Mazzi de Lima, con música del maestro Reynaldo La Rosa.
Manchay Puito es una obra en tres actos, en verso (1880). Trata de la leyenda del amor correspondido, del sacerdote de Yanaquihua, Gaspar de Angulo y Valdivieso por Anita Sielles, quien es pretendida y asesinada por Luis carranza. Gspar de Ángulo enloquecido de dolor desentierra el cadáver de su amada y lo lleva al templo. Allí, con una quena dentro de un cántaro toca el “Infierno aterrador” (Manchay Puito) y muere abrazado al cadáver.

Pero, las obras de Matto de Turner y de Leguía Martínez sólo valoran al indio desde sus leyendas y su pasado. Esto es indudablemente una limitación.
En el teatro para que una clase adquiera presencia deben aparecer personajes que la representen directamente planteando sus problemas, tal como lo fue logrando la burguesía en los tiempos modernos. Aquí esta posición del indio se dio en el teatro andino republicano del Cuzco, posterior a la guerra del Pacífico, y se extiende en el siglo XX en el movimiento Orkopata, de Puno y en el teatro de Carhuamayo-Junín. Pero, su mayor logro se ha dado en la década del setenta con el teatro campesino de Víctor Zavala Cataño, en el teatro de Áureo Sotelo y en las creaciones del grupo Barricada, de Huancayo.

Teatro Andino Republicano

Dentro de este rubro incluiremos las expresiones teatrales andinas estudiadas por César Itier, Domingo Huamán Peñaloza y Luis Millones.
En muchos de sus aspectos el teatro quechua del Cusco, el teatro de Inocencio Mamani, en Puno, y el teatro de Herminio Ricalde y Pío Campos, en Carhuamayo-Junín, abordan un contenido reivindicatorio y de afirmación de la identidad ancestral frente al Perú de hoy.

Teatro quechua en el Cuzco

Según César Itier: Hacia finales de la segunda década del siglo XX el teatro incaico se había convertido en un fenómeno literario y cultural de magnitud nacional como expresión del movimiento indigenista.(pg. 9 y 10)
El Perú fue el país americano que llevó más lejos la paradoja de hacer de una masa socialmente marginada y explotada la parte culturalmente más representativa de la nación. (pg. 11)

Se reconoce cuatro etapas en su evolución:
a) De la gestación desde 1870 hasta la creación de los primeros dramas modernos (1890-1900).
b) Aumento de las representaciones teatrales en la ciudad del Cuzco (1913-1916).
c) Giras de las compañías cuzqueñas hacia Puno y Bolivia, Arequipa, Lima y norte de Chile y Ecuador (1917-1921). Finalmente:
d) Vuelve a replegarse sobre la región cuzqueña y deja de ser percibido como un teatro de vanguardia. Las elites lo abandonan, pero se mantiene a nivel popular hasta 1960 en las provincias del Cuzco (1922-1960).

Impulsaron el movimiento, quechuístas modernos como Mariano Rodríguez, Nicanor Jara, José Félix Silva, Luis Ochoa Guevara y Nemesio Zúñiga Cazorla.

La primera obra representada después de la guerra del Pacífico (con música de Manuel Monet) es Yawarwacaq, de Abel A, Luna. Es muy parecida a Ollantay.
Ripaq (hijo menor de Yawarwaqaq) esta enamorado de su prima Quillawara, hija de su tío Rauraq (ardiente), hermano de su madre Mama Chikllu (madre selecta). Sus frecuentes visitas a la casa de su tío hace que el inca lo destierre a la puna de Chchitapampa. Dramatiza la guerra de los chancas complementada con una intriga amorosa. Sólo se conservan 340 versos

La primera pieza que ha llegado íntegra es El desgraciado inca Huáscar, de José Lucas Caparó Muñiz. Dramatiza la conquista española del Perú.
Luego de la división de Huayna Cápac, Huáscar se desatiende y se entrega a la vida cortesana. El Huillac Uma lo convence de prepararse para la guerra contra los quiteños; pero éstos lo vencen y lo apresan y Cuzco cae en manos de los enemigos pese a su heroica resistencia. Finalmente Huáscar es asesinado y sobre su cadáver se predice la desgracia del Tahuantinsuyo y su independencia y renacimiento futuros.

El autor, estuvo ligado al Proyecto Nacional del partido civilista: nacionalista, descentralista y democratizante, cuyas debilidades en el comercio del guano, critica en su obra. La obra tiene una trama en la que se mezclan amores e intrigas y es claro que apunta a las causas de la derrota del Perú en la guerra del Pacífico, una de las cuales era el divisionismo y otra, la elite limeña corrupta por la riqueza del guano. Huáscar representaba al civilismo ligado a los negocios del guano, Atahualpa a los demócratas y los españoles a los chilenos

Nicanor Jara y Barrionuevo explora el tema de las pasiones juveniles en Súmaqt´ika. La vivacidad, la ironía y la poesía de esta obra hace de ella uno de los mayores logros del teatro incaico y fue tan representada como Ollanta. Se terminó de escribir en 1899. Se basa en la leyenda de la hija de un cacique que ofrece su mano a cambio de la construcción de una acequia que riegue las tierras de su pueblo carente de agua.

Ya en pleno siglo XX se representa Manco II, de Luis Ochoa Guevara, Esta obra, representada en los años 20 y 30, libera al drama incaico de la línea histórica y sigue caminos más libres.
Dramatiza el refugio de Manco II en Vilcabamba con su esposa Ccorillphay (regazo de oro), su hija Ariruna (que mantiene encerrada en una caverna para que no la rapten los españoles) y unos cuantos guerreros. Vive angustiado.
Al sospechar que su hija estuvo enamorada de un español, le arranca los ojos. Pero el amante es un joven inca llamado Aillaco. Al querer rescatar a su amada forcejea con la madre de ella quien le quita un collar. Manco llega en su persecución. Reconoce por el collar a un hijo que abandonó en el Cuzco. Pero, los guerreros vienen a informarle que han dado muerte al fugitivo.

Las Compañías incaicas en Lima
En los primeros meses de 1917 se presentó en Lima la Compañía Incaica Cuzco, dirigida por Luis Ochoa y Leandro Alvariño como director de orquesta. Su presentación en Lima fue reseñada en El Comercio del 27 de febrero de 1917. Abraham Valdelomar los calificó de “revelación de un arte nacional” que traían “el espíritu artístico de una raza inmortal”.”Es la raza que resucita y se incorpora , el viejo Perú que se levanta, la Patria que se yergue desde el fondo de los siglos”.

A su retorno, la Compañía Incaica Cuzco fue rebautizada como “Compañía Nacional Dramática Incaica”.

El Tiempo, Lima, 3 de mayo de 1917 comentó: “En Lima, a pesar de los esfuerzos de su intelectualidad, aun no se ha conseguido formar un teatro propio, original, característico, profundo y representativo…
Nada hay en la producción teatral de nuestros literatos de antaño que tenga el valor artístico de las obras presentadas por las compañías cuzqueñas.

Otras Compañías:

La Compañía Lírica Ccorillacta, dirigida por el músico Calixto Pacheco realizó giras nacionales internacionales.

La Compañía Incaica El Sol, dirigida por Nemesio Zúñiga Cazorla, también se presentó en Lima. (La Prensa, Lima, 12 de junio de 1920)

Finalmente, las Compañías comenzaron a popularizarse y se alejaron de las elites

Misión Peruana de Arte Incaico
El gobierno argentino (1923) propició la presentación en ese país, en Bolivia y Uruguay, de la Misión Peruana de Arte Incaico. Actuaron en ella Luis Ochoa y Julio Rouvirós, entre 47 artistas. El director musical fue Roberto Ojeda y el pintor Juan Manuel Figueroa Aznar dirigidos por Luis Valcárcel.
Luis Ochoa Guevara hace responder al drama incaico a los nuevos problemas de marginación del indio, pero se percibe un declinar del mismo

Costumbrismo Andino

Julio Rouvirós escribe dos comedias costumbristas: Kurus Belacuy (La velada de la cruz) y Rimaycucuy (El pedido de mano) que se representan en el Teatro Municipal del Cuzco en Agosto de 1931 (El Sol, 04-08-1931). Chukcha Rutucuy (El corte de pelo) en 1933.

Ricardo Flores montó su Yananchacuy, con actores del pueblo de Quiquijana (1933).

Como vemos la actividad del teatro andino continuó hasta la tercera década del siglo XX. Luego de replegarse en el Cuzco se mantuvo hasta fines de los sesenta.

El teatro de Inocencio Mamani, en Puno y el de Pio Campos y Herminio Ricalde, en Carhuamayo pertenecen totalmente al siglo XX.

Memorable queja de 1891

A pesar de las lamentaciones de Juan de Arona, en 1891: ¡ Los teatros se mueren! ¡Los teatros han muerto!, referida al mal estado de las salas teatrales y la falta de animación de la vida teatral limeña, lo cierto es que, diez años después, durante las tres primeras décadas del nuevo siglo, en Lima se pudo apreciar una significativa actividad teatral.

Siglo XIX: Conclusiones Preliminares

1. Se prolonga la influencia del teatro español durante todo lo que resta del siglo. Pero hay una inquietud por expresar la identidad nacional, aun no definida.


2. Tres actividades expresaron el sentimiento patriótico y de identidad: el costumbrismo, el folclor y el teatro andino republicano.

3. La mayoría de escritores no hacen del teatro su actividad literaria principal.

4. Cuatro dramaturgos destacan : Felipe Pardo y Aliaga, Manuel Ascencio Segura, Abelardo Gamarra y abriendo el muevo siglo, Leonidas Yerovi.

5. No obstante la dignificación de la profesión teatral mediante el célebre decreto de San Martín, continuó la condición precaria de los actores.

6. La afición por el teatro se mantuvo, en la medida en que era una de las actividades recreativas principales que se ofrecían.

7. Ejemplo de la afición mayoritaria por el teatro fue el fenómeno de los teatros habilitados y de los teatros caseros. Igualmente la afición por la zarzuela se reflejó en las Tandas.

8. Prima y se impone el costumbrismo y la sátira.

9. Se abrieron nuevos locales, siendo el principal y más espacioso el Politeama.

10. El Romanticismo Teatral no tuvo ninguna significación especial.


11. Durante el auge guanero el presidente Ramón Castilla apoyó a los dramaturgos.

12. Hay un indigenismo inicial de débil repercusión.

13. Una de las más importantes líneas de expresión fue la del Teatro Andino del Cuzco, posterior a la Guerra con Chileque alcanzó proyección internacional.

14. Las obras de este período luctuoso permiten apreciar como fue vista la guerra antes, durante y después de declarada.

15. Culmina el siglo XIX sin haberse logrado consolidar la búsqueda de la identidad.